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El español está lleno de refranes, es una lengua que se nutre de expresiones populares para explicar o hacer referencia a fenómenos diarios. Por desgracia cada vez se usan menos y están cayendo en desuso. Por eso, muchos de ellos son desconocidos para los más jóvenes. Así que hoy vamos a explicar el significado del dicho popular “¡A buenas horas mangas, verdes!”.

Este dicho lo pronuncia Miguel de Cervantes en el capítulo 11 de la serie El Ministerio del Tiempo, contra Pacino que se hace pasar por un cuadrillero de la Santa Hermandad. En este fragmento lo puedes ver.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-ministerio-del-tiempo/buenas-horas-mangas-verdes-cervantes-pacino/3501808/

¿Cuál es el origen de la expresión?

Para empezar, “a buenas horas”, es una expresión utilizada después de pedir algo a alguien, por ejemplo, ayuda, para señalar que lo pedido ha llegado demasiado tarde, en un momento en el que ya no es necesario porque no se puede hacer nada.

            Ejemplo: 

-Está lloviendo, tráeme un paraguas.

            *Una hora después.*

-A buenas horas, mangas verdes, ya me he mojado.

Por otro lado, los cuadrilleros de la Santa Hermandad eran una unidad militar permanente, creada por los Reyes Católicos en el siglo XV, cuyo uniforme era de color verde oscuro, como podemos ver en el vídeo, motivo por el que  eran popularmente conocidos como "los mangas verdes". Su labor consistía en mantener el orden en los territorios, persiguiendo y atrapando ladrones y criminales y, por eso, se le considera el primer grupo policial de Occidente. El problema es cuando recibían un aviso nunca llegaban a tiempo para detener a los culpables o para resolver los problemas, de manera que su ayuda servía de bien poco. De ahí la expresión completa: “¡A buenas horas, mangas verdes!”

Dejo otro ejemplo de la expresión empleada por Benito Pérez Galdós en su obra “De Cartago a Sagunto” (1911):

            “En los escaños retumbó el estruendoso clamor de ¡Todos somos unos! ¡Todos   somos unos para defender la República! Al oír esto no pude contenerme. Se me   encendió la sangre, y con toda la fuerza de mis pulmones lancé al hemiciclo        estas palabras: «¡A buenas horas, mangas verdes! Majaderos fuisteis; sed ahora ciudadanos y dejaos matar en vuestros asientos».”.

 

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