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Elementos filtrados por fecha: Noviembre 2016
Lunes, 28 Noviembre 2016 00:00

COMO ALMA EN PENA

Ya Lola Flores, cantante y actriz española, imploraba en la película homónima de 1953 aquella famosa frase de: "¡Ay, pena, penita, pena!". Lo que sufría la pobre cuando interpretaba esta composición. Como alma en pena, que se suele decir, aunque esta mujer siempre ha sido más enérgica. Y lo popular que se hizo en España desde ese momento. De todas formas, cantando se van las penas, dice el refrán.

La palabra pena es una de estas que, paradójicamente, significan una cosa y su contraria al mismo tiempo. Apelemos siempre al contexto. Etimológicamente proviene del latín poena, 'castigo', 'tormento', 'pena', y este del griego poinḗ. La primera acepción que recoge la Real Academia de la Lengua hace referencia al 'sentimiento grande de tristeza'. En segundo lugar, tenemos una que mejor será que no nos apliquen, que es el 'castigo impuesto conforme a la ley por los jueces o tribunales a los responsables de un delito'. En el tercer puesto tenemos el 'dolor, tormento o sentimiento corporal'.

No en vano, estos significados se han ampliado con la formación de expresiones referentes a los diferentes tipos de penas que uno sufre. Así uno puede tener una pena accesoria, es decir, la 'pena que se impone, según la ley, como inherente, en ciertos casos, a la principal', que muchas veces no es suficiente un solo castigo. O sí que lo es, precisamente por ser definitivo, en el caso de la pena capital, es decir, directamente la 'pena de muerte'. Muerto el perro se acabó la rabia, como dice el refrán, dejando de lado la ética del mismo.

Cabe destacar de igual modo, que no todo tiene que ser tan trágico. La expresión merece la pena hace referencia a algo que es 'interesante o importante o que merece el trabajo que cuesta conseguirlo o alcanzarlo'. A veces la balanza entre lo positivo y lo negativo de ciertas acciones o decisiones sale a devolver y ganamos la apuesta.

Otras expresiones son neutras, precisamente por la neutralidad que muestran los individuos que la están padeciendo. Es el caso de ni pena ni gloria, con la que uno 'manifiesta la insensibilidad con que ve u oye algo' o demuestra la manera en la que pasa por la vida, de puntillas, sin llamar la atención. La dorada medianía que nos legó Horacio. O la falta de ambición por nada.

Y ya, por fin, están las expresiones que a mí me siguen haciendo gracia. Son las siguiente: de pena ('sumamente mal', "juega al fútbol de pena"), hecho una pena ('que se halla en muy mal estado o con mala apariencia', "toca al piano de pena") y dar pena. Esta última puede significar inspirar lástima' o 'causar tristeza', pero, como hemos dicho, también significa lo contrario o al menos algo que no tiene nada que ver. Es el caso de la acepción 'sentir vergüenza'. ¿A quién no le ha dicho su madre alguna vez: "hijo, tu habitación da pena, ya podías recogerla algún día", por ejemplo?

En fin, en cualquiera de los casos, lo que mostramos es algo negativo y, desde luego, nada deseable. Mejor es no dar pena. Ni llegar al punto en el que seamos nosotros los que provoquemos ese sentimiento en los demás.

Domingo, 20 Noviembre 2016 00:00

EL VERBO ROMPER Y TODO LO QUE SE ROMPE

Siempre me ha gustado la palabra romper. No sé si es porque me gusta la acción misma de terminar con cosas que no merecen mantener intactos todos sus miembros o porque nunca se me han roto a mí ni demasiadas cosas ni demasiadas veces.

En cualquier caso, la violencia del verbo puede hacer referencia a más artilugios de los que me había dado cuenta antes de reflexionar sobre el susodicho.

Pueden romperse muchas cosas, ya sean materiales como inmateriales, según el DRAE. Algunos ejemplos de las primeras pueden ser la ropa ("se me ha roto el pantalón"), o un hueso ("se rompió el brazo"). Cabe la posibilidad de que sea en numerosos trozos, incluso puede romperse el aire o el agua, en el sentido de interrumpir su continuidad. Por romperse, pueden hacerlo hasta las nubes, cuando el sol 'vence con su claridad, rompiéndose a la vista' ("el sol rompía la niebla"). También se rompe la tierra cuando la aramos y rompemos un cuerpo cuando le hacemos una abertura o herida. Y así es como las olas rompen en el mar cuando terminan de acercarse a la arena en la playa. Las mujeres (sí, sólo ellas) rompen aguas para anunciar que comienza el parto de su bebé, y el líquido amniótico se desparrama por el todo el suelo de la habitación.

Si recordamos alguna situación en la que la gente ocupe tanto sitio que el tumulto impide el paso (como en un concierto, por ejemplo), podemos romper el espacio para pasar entre la gente y poder salir. Qué agobio. Del mismo modo, un ladrón podría hacer una abertura en una pared o una verja rompiéndolas para acceder al bien preciado de su fechoría, rompiendo, del mismo modo, las reglas estipuladas (parece que solo en algunos casos) que contempla la ley.

Una expresión que era literal y ahora se utiliza en un sentido más figurado es la de romper un plato. La frase más convencional sería: "nunca ha roto un plato", para expresar que nunca ha hecho nada malo. O para ironizar, precisamente, sobre el hecho de que siempre se ha dedicado a hacerlo.

Ya, trascendiendo al mundo de las ideas y lo inmaterial, existen otras expresiones que bien podrían parecer poéticas.

Uno rompe con un amigo o con su pareja cuando decide que sus caminos se han separado tanto que resulta imposible seguir recorriéndolo juntos. O cuando uno (o dos) de sus miembros no ha respetado alguna de las reglas estipuladas desde el inicio de la relación.

También podemos romper una conversación cuando alguien está hablando más de la cuenta. O cuando hemos llegado al límite de insensateces por minuto que somos capaces de escuchar.

Sin embargo y después de todas estas acepciones que solemos utilizar para expresar que queremos, ya, romper con todo, mis dos expresiones favoritas con este verbo son: romper a reír y romper a llorar. En mi opinión, expresan muy gráficamente estas dos acciones, cuyos motivos, cualesquiera que sean, nos han roto algo por dentro. Y como dijo A. Espinosa, "creo que vale la pena hacerse añicos por esos sentimientos".

Jueves, 03 Noviembre 2016 00:00

VOCES DE ANIMALES Y SUS VERBOS

El otro día me paré a observar el buceo lento de los peces en mi acuario. Veía como parecían mirarse entre sí y me imaginé qué podrían estar diciéndose. Acudí a Google para buscar si existía un verbo que definiera el ruido, por muy leve que fuese, que realizaban bajo el agua. Para mi sorpresa no existía ninguno, quizá porque apenas hacen ruido, pero encontré otros muchísimos que se referían a distintos tipos de animales. Algunos tienen verbo pero no sustantivo que lo denomine.

He aquí una lista de los más significativos, usados o curiosos:

-Abeja, avispa, mosca y mosquito: zumbido, zumbar.

-Águila: chillido, chillar.

-Asno, burro: rebuzno, rebuznar.

-Ballena: canto, cantar.

-Buey, vaca, toro: mugido, mugir.

-Búho, lechuza: ululato, ulular.

-Caballo, yegua: relincho, relinchar.

-Cabra, cabrito, oveja, cordero: balido, balar.

-Cerdo: gruñido, gruñir.

-Ciervo: bramido, bramar.

-Cigüeña: crotorar.

-Cisne: graznido, graznar.

-Cocodrilo, lloro, llorar.

-Conejo, liebre: chillido, zapateo; chillar, zapatear.

-Delfín: chasquido, chasquear.

-Elefante, rinoceronte: barrito, barritar.

-Gallina: cacareo, cloqueo; cacarear, cloquear.

-Gato: maullido, ronroneo; maullar, ronronear.

-Grillo: chirrido, canto; grillar, chirriar, cantar.

-Grulla: gruir.

-Hiena: aullido, risa; aullar, reír.

-León, tigre: rugido, rugir.

-Leopardo, pantera: himplar, himpar.

-Lobo: aullido, ululato; aullar, ulular.

-Pájaro carpintero: tamborileo.

-Pájaro: trino, gorjeo, gorgorito, reclamo; trinar, trisar, gorjear, gorgoritar.

-Pavo: gluglutear.

-Perro: ladrido, gañido; ladrar, gañir.

-Pollo: piar, piolar.

-Rana: croar, groar.

-Serpiente: siseo, silbido, silbar, sisear.

-Zorro: grito, aullido, tauteo; gritar, aullar, ladrar.

He de reconocer que no conocía todos y que algunos de ellos me han sorprendido sobremanera. Por ejemplo, no me imaginaba a un cocodrilo llorando mientras las hienas ríen. O que existiese el verbo gluglutear. Me encanta que los pájaros carpinteros tamborileen (refiriéndose no a la voz realizada con la garganta, sino al ruido que nace del picotear el árbol). Asimismo, el verbo piar me recuerda a los cuentos que nos relataban de niños, a las fábulas de infancia, antes de ir a dormir. Sabía bien que los búhos y lechuzas ululaban, pero no que compartieran voz con los lobos, y que sus sustantivos más bien parecieran un insulto que una voz.

En fin, unos y otros parecen en muchos casos referencias onomatopéyicas a sus diferentes idiomas, pero hay que destacar que no son lo mismo. En tal caso el ser humano sigue intentando entender lo que cada animal se dice sin decirse nada.