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Elementos filtrados por fecha: Marzo 2017

“Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción”
Virginia Woolf

 

 

Hoy traigo un artículo algo diferente a lo que estáis acostumbrados. Es algo ácido e incisivo, os digo desde ya que voy a tratar de morderos.

El pasado 21 de marzo fue el Día Mundial de la Poesía. El 8 de marzo fue el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Pues bien, yo me he propuesto homenajear a la mujer (trabajadora y) artista. Para ello, he seleccionado una serie de poemas, fragmentos o letras de canciones de mujeres poetas que escriben o que lo hicieron en vida. No he querido aburrirles con su biografía, hay historias que se cuentan solas. Algunas escriben historias de la Guerra, otras de literatura, la mayoría de este mundo cínico y agónico de nuestros días, pero, si de algo pueden estar seguros, es de que todas ellas hablan de sí mismas. Y de lo que significa, muchas veces, ser mujer.

 

María Bastarós. “Amigas I”
A veces sueño
con la amiga feminista definitiva

La conoceré en una rave
se me acercará
sigilosa
con oscilantes pasos de Doctor Martens
y un trozo de pastilla en la mano
y me dirá:

“Toma tía
un cuartito pa ti sola
como la Virginia Woolf”

 

Luna Miguel
“Hace poco pedí a un amigo editor de Francia que me proporcionara una lista de poetas -mujeres- importantes en su país. Me dio cuatro nombres, y, sí, entiendo que hay más, y sí, sé que él conoce más. Pero sólo me dio cuatro. Sólo cuatro nombres pasaron por su cabeza. ¿Cuántos pasarían por la mía? ¿Y por la vuestra? Cuatro nombres aparentemente importantes y aquí desconocidos. En el mundo no hay mujeres. En el mundo no quedan mujeres. Se las tragaron. Desaparecieron.”

 

María Teresa León
“Son las novias, las amantes, las madres, las hermanas de los combatientes; ellas no tienen la vergüenza de desfilar regimientos mercenarios en su defensa, ellas no mandan contra vosotras hordas de violadores, ellas no han vendido el territorio, no han traicionado ningún juramento: mujeres del pueblo eran y lo siguen siendo: españolas eran, y combaten por España.”

 

Elvira Sastre
Hay mujeres que aparecen como los aciertos:
Sin esperarlas y a tiempo.
Que se atreven y se quedan y tienen
el pelo del color de tu almohada,
Que se agitan y temes y dan la vuelta
a tus excusas convirtiéndolas en motivos.
Que te aman sin evitarlo.
Y amas sobre todo por supuesto.
Y
Estoy
Yo.
Que soy una en todas esas mujeres.
Y
Estás
Tú.
Que eres todas esas mujeres en una.

 

Rupi Kaur
quiero disculparme con todas las mujeres
a las que he llamado "bonitas"
antes de haberlas llamado "inteligentes" o "valientes".
lamento si hice sonar complicado
algo tan simple como que con lo que se nace
es de lo que tienes que estar más orgullosa
como cuando tu espíritu ha aplastado las montañas
a partir de ahora voy a decir cosas como “eres fuerte”
o “eres extraordinaria”.
no porque crea que no eres bonita
sino porque eres mucho más que eso.

 

Gata Cattana, “Lisístrata”
Entiendo que la mujer, si no es prostituta, es que es tonta,
pero si no es ninguna de las dos,
lo que sí es seguro es que es mala.
Las mujeres no somos ni malévolas,
ni malignas,
no engendramos el demonio,
y tampoco somos santas porque nos santificamos cuando llegamos a ser madres.
Las mujeres somos mujeres.

Lunes, 20 Marzo 2017 11:56

La palabra del año (pasado)

El año 2017 ha llegado ya a marzo, pero no ha sido hasta ahora cuando me ha llegado un artículo sobre la palabra del año 2016, galardón que otorga la Fundación del Español Urgente (Fundéu). Había muchas candidatas y al final ha sido la palabra populismo la que se ha llevado la palma. El coordinador general de la fundación, Javier Lascuráin, declara que «En un año tan político como este, con acontecimientos de importancia global como el Brexit (en Reino Unido), la victoria de Donald Trump (en Estados Unidos) y los diferentes procesos electorales y plebiscitarios en América y España, la palabra del año de Fundéu tenía que venir de ese ámbito». Yo, con su permiso, apostillo que ¿qué año no es un “año político”? Aunque sí que es cierto que la de cosas que han pasado estos meses en relación al temita.


A pesar de que ahora la palabra tiene connotaciones negativas, populismo es, en origen, neutra. Su significado reza según el Diccionario de la Real Academia ‘tendencia política que pretende atraerse a las clases populares’. Lascuráin añade que «también hay quienes prefieren definirlo como la tendencia política que pretende devolver el poder a las masas populares frente a las élites».


Si bien es cierto que el susodicho vocablo, el cual ha asomado más de una vez en las entradas que redacto para este blog, es muy interesante, sobre todo en su evolución –de ser neutra a tener connotaciones negativas-, y que hay otras palabras que optaron a tal deferencia.


Un ejemplo es el de ningufonear. Ole al cerebrito que se inventó esto. Es la traducción de la inglesa phubbing. Seguro que ahora no entiendes de qué hablo, pero si te explico a qué me refiero, me darás la razón. Ningufonear: ‘verbo atribuido a la acción de pasar totalmente de los demás comensales/compañeros de barra/gente en general por estar mirando la pantalla del móvil’. Triste sensación la de sentirse solo cuando se está rodeado de gente.


Otra de mis favoritas es la cuñadismo. Esta también ha tenido su minuto de gloria en mis intervenciones. Me gusta tanto porque es de esas cosas que forjan el carácter de sentirse español. En todo el mundo hay cuñados, pero no sé por qué en España son más bien especialitos. Son aquellos que siempre siempre lo saben todo y además tratan de convencerte de que pienses lo mismo que ellos. Benditas cenas de Navidad, amigos.


Una recurrente ha sido también youtuber (youtubero en espanglish), que son aquellos jóvenes que, en palabras suyas, ‘crean contenido en internet’. Que suben vídeos a Youtube, vamos. Y, ojo, muchas veces de mejor calidad que los que salen en la televisión o el cine.

Por desgracia, LGTBfobia también estaba entre las finalistas. En pleno siglo XXI y que sigamos con estas cosas. Creo que no hace falta definirla, pero ¿hasta cuándo existirá?


Destacan también vendehúmos, ‘quien hace propuestas sin fundamento, utópicas, ilusorias’; abstentocracia ‘poder e importancia que tiene la abstención en las votaciones en distintos países y situaciones políticas; bizarro, ‘extraño, raro, insólito’; posverdad ‘relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal’; videoarbitraje, ‘arbitraje de los partidos de fútbol con recursos de video’; papilomavirus, ‘virus del papiloma humano’ y sorpasso ‘fenómeno por el que, en unas elecciones, un grupo político supera sobradamente a otro’.


En fin, creo que se puede resumir a la perfección el año 2016 con tan solo estas doce palabras, ¿no creen?

En alguna ocasión hemos mencionado la gran variedad de individuos que estudian nuestra lengua y con ello, claro está, los posibles quebraderos de cabeza que esto les puede acarrear. Sí, exacto. Cosillas que todos sufrimos cuando estudiamos otro idioma. Cosillas sin importancia. Cosillas como la pronunciación, la ortografía, la concordancia. ¡Ojo! Al decir “sin importancia” no quiero decir que sean prescindibles. ¡De ninguna manera! A lo que me refiero, es a que son áreas de la lengua que, con el tiempo, uno va aprendiendo y asentando, por lo que no tenemos que agobiarnos.


Sin embargo –y como no podría haber sido de otra forma– nuestro expresivo castellano no se reduce a este tipo de problemas. Asustados están los extranjeros por las rarísimas “enfermedades” que sufrimos algunos españoles. No quieren oírlas ni de lejos. Sí, amigos. Hablo del soponcio, del jamacuco y de la mamitis, entre otras.


¿Pero qué os pasa a los espanioles? Me preguntaba James, un erasmus que coincide conmigo en clase de léxico. ¡El otruo día una shica de la residensia no paruaba de iorar! ¡Tenía mamitis! ¿Duele musho? ¿Es contaguioso? ¡Uf¡ ¿Qué decirle al pobre James? No estaba segura. En efecto, la mamitis puede ser contagiosa y doler, aunque no físicamente, claro. Decidí así, hacer una lista de “enfermedades” españolas que pudiera ayudar a mi amigo a entendernos un poquito mejor:

 

- Soponcio: desmayo o mareo producido ante el recibimiento de una mala noticia o un gran susto.

- Jamacuco: indisposición de carácter repentino generado por una alteración inesperada.

- Morriña: sentimiento de tristeza que se sufre al estar lejos de la tierra natal y echarla de menos.

- Que te dé un aire: estado en el que la cara queda con un gesto desagradable. Las causas aún están por descubrir y expuestas a investigación.

- Cuentitis: invención de excusas consecutivas para no hacer algo que no se quiere hacer.

- Patatús: ataque súbito provocado por una impresión muy fuerte que puede provocar desmayos.

- Telele: enfermedad prima hermana del patatús o del soponcio, más comúnmente relacionada con una situación angustiosa.

- Mamitis: enfermedad habitual en los hijos que puede desarrollarse a cualquier edad. Provoca la necesidad imperiosa de sentir el cariño de una madre.

 

Nota: Tú tranquilo, James. Si te contagian, o si alguna vez, por cualquier razón, sufres alguna de estas enfermedades, ten por seguro que TIENEN CURA, SON PASAJERAS y que lo españoles a veces... ¡somos un poco exagerados!

Saludos de mis partes. La reflexión de hoy me lleva lejos, algo así como un tiempo en el que yo ni siquiera era un plan en la historia de vida de mis padres.


Si hay algo que abunde en la lengua cervantina, es la ingente cantidad de las expresiones, frases hechas, chascarrillos y juegos de palabras hijos del refranero popular español. “Si es que valen pa’ to”, como diría mi abuelo (y el de cualquiera). Sin embargo, y como reza el título de este artículo, existen ciertas expresiones que han venido diciéndose de un tiempo a esta parte, no más de treinta años, que deberían ser eliminadas, prohibidas, exterminadas de la faz de la tierra instantánea y definitivamente.


Si usted aún no sabe a qué se debe tamaña firmeza en mis declaraciones ni a qué expresiones me estoy refiriendo, remítase a la foto que acompaña estas líneas. El digamelón ha hecho más daño a este país que los cuñados. Así que imagínese la convergencia de tales conceptos. Hacen las delicias de cualquier cómico de domingo por la noche poco inspirado.


No sé a qué esperan los ilustrados miembros de la academia a investigar en profundidad de este asunto, pero a estos pseudocalambures o semiacrónimos se les pasó la fecha de caducidad antes casi de haber sido ingeniados. Lo peor de todo es que son contagiosos, muy en cuarentena tiene que estar uno para no caer en sus garras. Lo digo por experiencia, que den fe de ello los que me conocen bien.


Hay decenas de ellos, de todos los tipos y clases, por lo que me ha resultado difícil hacer una selección fiable y representativa. Finalmente, me he decidido por aquellos que, lo reconozco, he terminado utilizando en mis propias carnes (y no pocas veces).


El digamelón (‘dígame + melón’) es un clásico, siempre de la mano del efectiviwonder (‘efectivamente + Stevie Wonder’). Otro que apesta a antigualla es el de ya ves truz (‘ya ves + avestruz’), amigo íntimo de estos dos anteriores.


Otro caso de ranciedad españolita es el de aquí andamios (‘aquí andamos + andamios’), término que, gracias a Dios, no tiene nada que ver con los piropos de grúa escupidos por el obrero machito de turno. Una recopilación de estos daría para libro.


Dos expresiones, las cuales no he utilizado nunca, menos mal, que pueden dar pudor, rechazo y hasta asco es el de Nos salen granos de verte (‘nos alegramos de verte’), a mi parecer, el más prohibible de esta lista. Asimismo, decir parece menterio, resulta tan absurdo que hasta consigue arrancarnos esa risilla tonta.


Y bueno, ya si juntamos la ranciedad, los cuñadismos (firme candidata a palabra del año en 2016, y esto lo digo en serio) y los machismos micro, tenemos las gemelas Hace un calor que te torras y hace un frío que te titas. No quiero ni explicarlos. Deduzcan y juzguen ustedes mismos.


En fin, no quiero pecar de haterismo, si en el fondo yo soy la primera que se ríe con estos chascarrillos de padre y abuelo y cuñado. Corramos un estúpido velo sobre este asunto y que la tormenta pase. Hasta huevo, amigos.