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Elementos filtrados por fecha: Enero 2018
Viernes, 26 Enero 2018 11:32

El español. El lenguaje peculiar

Sobre la unicidad del español ya hemos hablado en el artículo dedicado a la letra ñ. Ahora les quiero demostrar que no me equivoqué y que el español es verdaderamente un idioma particular. Hoy vamos a hablar sobre los signos de interrogación y exclamación.


¿Y qué interesante hay en estos signos? No sé si lo sabían, pero el español es la única lengua en el mundo en la que los signos de interrogación y de exclamación son dobles, es decir, que en español, a diferencia de todas otras lenguas, se colocan no solo al final de la frase, sino también al principio de la misma. Solo en español existen los signos de interrogación y de exclamación invertidos (¿¡) que abren las frases interrogativas y exclamativas, lo que es también la razón por la que los llamamos signos de apertura (y los signos “normales”, no invertidos, los denominamos signos de cierre).


Los signos de cierre ya son abuelos en comparación con los de apertura. El signo de exclamación (hasta el 2014 denominado “de admiración”) ya se encontraba en los manuscritos latinos medievales y el de interrogación apareció entre los siglos VIII y IX. Fue diez siglos más tarde, concretamente en 1754, cuando la Real Academia declaró en su segunda edición de la Ortografía obligatorio iniciar las preguntas largas con el signo de apertura de interrogación y terminarlas con el signo de cierre ya existente. La razón es simple, este signo evita la confusión al leer oraciones largas, puesto que con este signo ya desde el principio sabemos el sentido y tono interrogante con que debe leerse la frase. Entonces este signo (¿) hizo su invasión. Sin embargo, no fue todavía necesario usarlo si la oración era corta. Pero ¿cuándo es una oración corta y cuándo larga? ¿Dónde hay la frontera? La decisión es subjetiva y, en aquel tiempo, cada uno lo interpretaba a su manera una vez poniendo el signo invertido en sus textos y otra vez no. Por eso, en 1870, la Academia solucionó este asunto haciendo obligatorio el uso del signo de apertura (¿) en todas, absolutamente todas las preguntas, sean cortas o largas.


El signo de apertura de exclamación (¡) apareció un poco más tarde que el de interrogación. Pero su evoluciones se parecen: primero se usaba solo en las oraciones largas (desde 1770) y después, en todas las exclamaciones. Para estar más concreta, su reconocimiento oficial como signo doble llegó al Diccionario en 1884.
Y al final algunas reglas ortográficas.


Primero, estos signos dobles hay que escribir siempre en los textos españoles, no basta poner solo el de cierre imitando otras lenguas que carecen de esta especificidad española. El uso de un solo signo es incorrecto. ¿Qué estás cocinando? *Qué estás cocinando?


Se escriben sin espacio de separación respecto de la primera y la última palabra del período que enmarcan y con un espacio de separación respecto de las palabras que los preceden o los siguen. ¡Abre la ventana!_Tengo calor. Sin embargo, cuando lo que sigue al signo de cierre es otro signo de puntuación, se escriben sin espacio de separación: ¡Buenos días!, ¿has dormido bien?


No es posible la aparición de un punto después de un signo de cierre. La palabra siguiente ha de comenzar necesariamente con mayúscula: ¿Tienes hambre? Voy a cocinar el pollo.

Se recomienda colocar el signo de apertura donde comience la pregunta o exclamación: Tú no tienes ni idea de que hablo, ¿verdad?

No se coloca la coma detrás de “pero” si va seguido de una oración interrogativa o exclamativa: Pero ¿qué dices?

Si la exclamación está compuesta por elementos breves que se duplican o se triplican, todos ellos se insertan conjuntamente entre ambos signos: ¡Ja, ja, ja!

Pueden combinarse los signos de interrogación y de exclamación cuando el sentido de una oración es interrogativo y exclamativo a la vez. Hay dos posibilidades: abrir con el signo de exclamación y cerrar con el de interrogación, o viceversa: ¡Cómo te has atrevido? / ¿Cómo te has atrevido!; o abrir y cerrar con los dos signos a la vez: ¿¡Qué estás diciendo!? / ¡¿Qué estás diciendo?! Se recomienda esta última opción.

En determinados tipos de textos, se pueden escribir dos o tres signos de exclamación con finalidad enfática: ¡¡¡Traición!!!

Viernes, 19 Enero 2018 11:12

¡Wow, qué lookazo!

Al escribir esas palabras, el corrector ortográfico de Word me subraya en rojo tanto la primera como la última palabra. ¿Por qué? Porque Word es un poco tradicionalista, sigue las reglas ortográficas rígidas y no sigue la moda, ya que no sabe que lookazo (o frecuentemente como hashtag #lookazo) se convirtió en una nueva expresión cool en el mundo de la moda.


Microsoft Word subraya en rojo palabras que no reconoce o por ser voces extranjeras o están escritas incorrectamente (lo que son para él también extranjerismos). A nosotros no nos van a interesar las erratas, estas cometemos cada uno con frecuencia (no somos máquinas), sino el tema de los extranjerismos. En el artículo precedente aclaramos el tema de su escritura, por eso ya sabemos que las voces foráneas no adaptadas a la ortografía española han de ir marcadas (deben escribirse en cursiva o ir entre comillas). Por esta razón, las palabras wow, hashtag y cool, como anglicismos puros, son mal escritas, porque ni se inclinan al lado derecho ni les adornan las comillas. Pero ¿qué es eso de “lookazo”? ¿Es un extranjerismo? Pues, parece que por primera mitad sí (anglicismo look), pero su segunda parte nos suena familiar, ¿no? El “azo” es típico sufijo intensificador español.


Así, la unión de una palabra extranjera “look” y el afijo español “azo” nos dio un híbrido “lookazo” que ni es un anglicismo ni palabra adaptada a nuestro idioma (si fuera adaptada, podría escribirse así: lucazo o leerse así: /lukáθo/), por esta razón la Word calificó como voz extranjera. Y en cuanto a su escritura, ¿deberíamos seguir las reglas mencionadas y escribir esta palabra variando el tipo de letra (cursiva para “look” y letra normal para “azo”: lookazo) o poner entre comillas su parte extranjera (“look”azo)? Claro que no. Si usamos esta palabra extraterrestre, deberíamos marcarla toda (lookazo o “lookazo”) como en el caso de los extranjerismos puros. Sin embargo, lo mejor de todo sería evitarla completamente y en su lugar usar otra palabra, ya que nuestra lengua dispone de muchas alternativas mejores, por ejemplo: modelazo, estilazo, imagen espectacular, aspecto fantástico, buen aspecto u otras dependiendo del contexto.


Españolizar el inglés me suena raro, ni físicamente me perece atractiva esa invención. En mi opinión, deberíamos decidir si usar una u otra lengua, pero los híbridos nooo, por favooor.


¿Qué piensan ustedes?

 

bluyin1Cada lengua cambia, evoluciona y se hace continuamente más rica. Una de las razones por las que el número de vocabulario de una lengua constantemente aumenta es el creciente influjo de otras lenguas. Los extranjerismos forman una fuente importante de palabras nuevas en una lengua. El español no es la excepción. En este artículo quiero abordar el tema del tratamiento ortográfico de los extranjerismos en español, con especial atención a los ejemplos de anglicismos, ye que es el inglés que hoy en día tiene mucha influencia en nuestras expresiones cotidianas.

La norma de nuestra lengua es que los extranjerismos que se utilizan con su grafía y pronunciación originarias se deben escribir en los textos españoles con algún tipo de marca gráfica (cursiva o comillas) que señale su carácter ajeno a la ortografía española. La RAE los denomina extranjerismos “no adaptados”. Se trata, por ejemplo, de las palabras como happy end, blues, software, etc. Así podemos ver oraciones tipo:

  • Esta historia no tuvo el happy end.
  • Su libro fue un bestseller.
  • Quiero apuntarme al casting de gran hermano.
  • Ese autor pertenece a la generación beat.

Pero existen también extranjerismos “adaptados” (préstamos) que quedan en los textos sin ningún tipo de resalte. Este tipo de palabras ajenas se adaptó a la ortografía española por dos vías:
El primer grupo de las voces mantuvo su grafía original, pero adaptó su pronunciación al español adquiriendo además la acentuación típica española. Así, para el anglicismo airbag se propone la pronunciación española [airbág] en lugar de la inglesa [érbeg]. Lo mismo ocurre con la palabra master que además adquirió la tilde sobre la a: máster y se pronuncia a la manera española [máster].
El segundo grupo de las voces adaptadas forman palabras que mantuvieron la pronunciación original (más o menos), pero cambiaron su forma gráfica adaptándose a la ortografía española. Se trata de las voces como:

  • Tuit (tweet)
  • Güisqui (whisky)
  • Cederrón (CD-ROM)
  • Mitin (meeting)
  • Overol (overall)
  • Tique (ticket)
  • Baipás (by-pass)
  • Jonrón (home run)
  • Bluyín (blue jean)
  • Friki (freaky)

Estos son los ejemplos de los “adaptados” bastante nuevos, sin embargo, en español encontramos un montón de las voces adaptadas a nuestra ortografía en las que ya casi no nos damos cuenta de que se trata de las palabras foráneas, tan arraigadas están en nuestra lengua. Se trata, por ejemplo, de las lexías como: fútbol, estándar, jersey (inglés); aceite, arroz, almohada (árabe), chalé, garaje, peluche, jardín (francés) etc.

 

Escrache, selfi, refugiado y populismo son las palabras del año elegidas en 2013, 2014, 2015 y 2016 respectivamente. En el año pasado, es decir, en 2017 derrotó a sus rivales la triste palabra aporofobia.

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¿Y de qué estoy hablando? Desde hace cinco años (2013), la Fundación del Español Urgente (Fundéu) cada año elige su palabra del año. Son siempre palabras que cumplen las condiciones propuestas por la Fundación. Por un lado, son términos que han aparecido en el debate social y en los medios de comunicación, así, son actuales. Por el otro, son palabras que despiertan interés lingüístico en cuanto a su formación, significado o dudas de uso. También se trata de palabras de uso general, es decir, su uso no se restringe a alguna zona concreta, sino es general en todo el ámbito hispanohablante. En año 2017 se hicieron camino entre las candidatas a la victoria doce voces siguientes que cumplen los criterios susodichos:
aporofobia
aprendibilidad
bitcóin
destripe
machoexplicación
noticias falsas
odiador
soñadores
superbacteria
trans
turismofobia
uberización


Algunas son de nueva creación, como los compuestos aporofobia, turmismofobia o el derivado uberización, otras son préstamos, calcos o alternativas a las palabras inglesas: machoexplicación por mansplaining o noticias falsas por fake news (calcos léxicos), bitcóin por bitcoin (préstamo), destripe alternativa al spoiler, odiador por hater (calco semántico), soñadores por dreamers (calco semántico). Más información sobre las candidatas (significados, curiosidades, escritura etc.) pueden encontrar en la página web de la Fundéu (http://www.fundeu.es/palabra-del-anno/2017/)


Y, como ya hemos dicho, la tradición de la elección de la palabra del año no desapareció ni en 2017. El 29 de diciembre del año pasado fue elegida como ganadora la palabra aporofobia, un neologismo válido que designa el odio o el miedo al pobre. Simplemente, la repugnancia y hostilidad ante las personas pobres, sin recursos o desamparadas, son conceptos actuales (según los criterios mencionados). Pero dejamos aparte esa triste realidad y volvamos a la palabra misma. Nuestra ganadora está formada a partir de la voz griega á-poros, ‘sin recursos’ o ‘pobre’, y fobos, ‘miedo’. Este neologismo está bien formado en español, por lo que no es necesario resaltarlo en los textos con cursiva o comillas. Y como nos enteramos de la propia Fundéu, este nuevo término parece tener su origen en algunas publicaciones de la filósofa Adela Cortina en los años noventa, en las que la autora pretendía diferenciar esta actitud de la xenofobia o el racismo.


Las palabras seleccionadas no nos amenazan, no sustituyen ni relevan de nuestro diccionario personal, pero sí nos hacen pensar con qué realidades nos hemos vestido en este año. Las palabras son reflejos de nuestra realidad. Así, me parece poco triste ver que entre las candidatas aparecen, además de nuestra ganadora, las palabras como odiador, machoexplicación, noticias falsas o soñadores, ¿no creen?


Mejor sería pensar en las palabras que a nosotros mismos abrigaron este año. En mi caso ganó el verbo esforzarse “hacer esfuerzos física o moralmente con algún fin”. Me esforcé para terminar mis estudios, me esforcé para averiguar cómo voy a continuar con mi carrera, me esfuerzo casi cada día en el gimnasio (y no solo en él) para ser más fuerte y me esforzaré más para ser una persona mejor. ¿Y cuál es su ganadora? Intenten elegir su palabra del año, palabra que más definiría su año 2017.