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Elementos filtrados por fecha: Enero 2018

 

bluyin1Cada lengua cambia, evoluciona y se hace continuamente más rica. Una de las razones por las que el número de vocabulario de una lengua constantemente aumenta es el creciente influjo de otras lenguas. Los extranjerismos forman una fuente importante de palabras nuevas en una lengua. El español no es la excepción. En este artículo quiero abordar el tema del tratamiento ortográfico de los extranjerismos en español, con especial atención a los ejemplos de anglicismos, ye que es el inglés que hoy en día tiene mucha influencia en nuestras expresiones cotidianas.

La norma de nuestra lengua es que los extranjerismos que se utilizan con su grafía y pronunciación originarias se deben escribir en los textos españoles con algún tipo de marca gráfica (cursiva o comillas) que señale su carácter ajeno a la ortografía española. La RAE los denomina extranjerismos “no adaptados”. Se trata, por ejemplo, de las palabras como happy end, blues, software, etc. Así podemos ver oraciones tipo:

  • Esta historia no tuvo el happy end.
  • Su libro fue un bestseller.
  • Quiero apuntarme al casting de gran hermano.
  • Ese autor pertenece a la generación beat.

Pero existen también extranjerismos “adaptados” (préstamos) que quedan en los textos sin ningún tipo de resalte. Este tipo de palabras ajenas se adaptó a la ortografía española por dos vías:
El primer grupo de las voces mantuvo su grafía original, pero adaptó su pronunciación al español adquiriendo además la acentuación típica española. Así, para el anglicismo airbag se propone la pronunciación española [airbág] en lugar de la inglesa [érbeg]. Lo mismo ocurre con la palabra master que además adquirió la tilde sobre la a: máster y se pronuncia a la manera española [máster].
El segundo grupo de las voces adaptadas forman palabras que mantuvieron la pronunciación original (más o menos), pero cambiaron su forma gráfica adaptándose a la ortografía española. Se trata de las voces como:

  • Tuit (tweet)
  • Güisqui (whisky)
  • Cederrón (CD-ROM)
  • Mitin (meeting)
  • Overol (overall)
  • Tique (ticket)
  • Baipás (by-pass)
  • Jonrón (home run)
  • Bluyín (blue jean)
  • Friki (freaky)

Estos son los ejemplos de los “adaptados” bastante nuevos, sin embargo, en español encontramos un montón de las voces adaptadas a nuestra ortografía en las que ya casi no nos damos cuenta de que se trata de las palabras foráneas, tan arraigadas están en nuestra lengua. Se trata, por ejemplo, de las lexías como: fútbol, estándar, jersey (inglés); aceite, arroz, almohada (árabe), chalé, garaje, peluche, jardín (francés) etc.

 

Escrache, selfi, refugiado y populismo son las palabras del año elegidas en 2013, 2014, 2015 y 2016 respectivamente. En el año pasado, es decir, en 2017 derrotó a sus rivales la triste palabra aporofobia.

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¿Y de qué estoy hablando? Desde hace cinco años (2013), la Fundación del Español Urgente (Fundéu) cada año elige su palabra del año. Son siempre palabras que cumplen las condiciones propuestas por la Fundación. Por un lado, son términos que han aparecido en el debate social y en los medios de comunicación, así, son actuales. Por el otro, son palabras que despiertan interés lingüístico en cuanto a su formación, significado o dudas de uso. También se trata de palabras de uso general, es decir, su uso no se restringe a alguna zona concreta, sino es general en todo el ámbito hispanohablante. En año 2017 se hicieron camino entre las candidatas a la victoria doce voces siguientes que cumplen los criterios susodichos:
aporofobia
aprendibilidad
bitcóin
destripe
machoexplicación
noticias falsas
odiador
soñadores
superbacteria
trans
turismofobia
uberización


Algunas son de nueva creación, como los compuestos aporofobia, turmismofobia o el derivado uberización, otras son préstamos, calcos o alternativas a las palabras inglesas: machoexplicación por mansplaining o noticias falsas por fake news (calcos léxicos), bitcóin por bitcoin (préstamo), destripe alternativa al spoiler, odiador por hater (calco semántico), soñadores por dreamers (calco semántico). Más información sobre las candidatas (significados, curiosidades, escritura etc.) pueden encontrar en la página web de la Fundéu (http://www.fundeu.es/palabra-del-anno/2017/)


Y, como ya hemos dicho, la tradición de la elección de la palabra del año no desapareció ni en 2017. El 29 de diciembre del año pasado fue elegida como ganadora la palabra aporofobia, un neologismo válido que designa el odio o el miedo al pobre. Simplemente, la repugnancia y hostilidad ante las personas pobres, sin recursos o desamparadas, son conceptos actuales (según los criterios mencionados). Pero dejamos aparte esa triste realidad y volvamos a la palabra misma. Nuestra ganadora está formada a partir de la voz griega á-poros, ‘sin recursos’ o ‘pobre’, y fobos, ‘miedo’. Este neologismo está bien formado en español, por lo que no es necesario resaltarlo en los textos con cursiva o comillas. Y como nos enteramos de la propia Fundéu, este nuevo término parece tener su origen en algunas publicaciones de la filósofa Adela Cortina en los años noventa, en las que la autora pretendía diferenciar esta actitud de la xenofobia o el racismo.


Las palabras seleccionadas no nos amenazan, no sustituyen ni relevan de nuestro diccionario personal, pero sí nos hacen pensar con qué realidades nos hemos vestido en este año. Las palabras son reflejos de nuestra realidad. Así, me parece poco triste ver que entre las candidatas aparecen, además de nuestra ganadora, las palabras como odiador, machoexplicación, noticias falsas o soñadores, ¿no creen?


Mejor sería pensar en las palabras que a nosotros mismos abrigaron este año. En mi caso ganó el verbo esforzarse “hacer esfuerzos física o moralmente con algún fin”. Me esforcé para terminar mis estudios, me esforcé para averiguar cómo voy a continuar con mi carrera, me esfuerzo casi cada día en el gimnasio (y no solo en él) para ser más fuerte y me esforzaré más para ser una persona mejor. ¿Y cuál es su ganadora? Intenten elegir su palabra del año, palabra que más definiría su año 2017.