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Elementos filtrados por fecha: Marzo 2018
Viernes, 23 Marzo 2018 12:25

Las tribus urbanas

Cuando yo era adolescente o teenager, como se diría ahora, ya existían diferentes tribus urbanas. En mi instituto pude ver muchos especímenes pertenecientes a cada una de ellas. En esa época, los institutos y centros educativos, estaban plagados de una fauna curiosa y llamativa. Existían los góticos, que eran personas que amaban el color negro, los pinchos y lo siniestro; los emos (a la cual pertenecí un tiempo de mi vida), que escuchaban rock hardcore de letras melancólicas, vestían con colores llamativos mezclados con negro, e iban de tristones por la vida; los raperos, que escuchaban música rap tipo Eminem, vestían con pantalones anchos, sudaderas y zapatillas anchas.

Hoy en día, todo es distinto y a cada paso que das te encuentras con algún sujeto perteneciente a nuevas tribus urbanas. Los antiguos pijos, ahora se hacen llamar preppies y abundan los hípsters, o más bien los hípsters evolucionados (muppies). Además también nos encontramos en cualquier gran ciudad tanto europea como americana con lumbersexuales, BoBos o coolturetas (como menciona la autora de Moderna de Pueblo en su gran libro Cooltureta). Todos estos nombres extranjeros, provenientes principalmente de América pero también de Francia o Inglaterra, nos resultan sumamente conocidos a los jóvenes entre 18 y 35 años.  Muchos de estas tendencias sociales se parecen, pero, al mismo tiempo, poseen rasgos característicos que nos permiten diferenciarlos. Lo más in hoy día es ser un moderno o un modernillo, que viene a ser lo mismo. Para ello se deben usar redes sociales como Facebook, Instagram o Twitter, además de los hastags correspondientes, para etiquetar tus fotos y hacer ver a qué tribu perteneces. Estos jóvenes, entre los cuáles me incluyo, aman el llamado postureo (apariencia) y viven pendientes de su imagen en las redes. Además rechazan lo mainstream, que sería algo así como la normalidad o lo común a todo el mundo.

A continuación enumeraré las tribus urbanas actuales más populares, que son:

  • Los Muppies:

Este movimiento está de plena actualidad. Son una evolución de los antiguos hípsters, es decir, posthípsters. Tienen entre 25 y 35 años y se dedican al diseño o a la publicidad. Pertenecen a una clase social acomodada, suelen tener bastante cultura, y aman la vida sana. Todo ello, sin olvidarse de publicar su día a día en redes sociales como Instagram.

  • Los Hípsters:

Esta ha sido una tendencia que ha triunfado plenamente en la sociedad contemporánea. Fue el primer grupo social en aparecer. Sus señas de identidad son la barba, las gafas de pasta y las camisas de cuadros, en los hombres; y, el pelo largo, las coronas vegetales y los vestidos de flores, en las mujeres. Muchos de ellos llevan tatuajes, aman lo vintage (ropa y muebles de segunda mano) y visten de forma aparentemente casual. Pero todo ello sin dejar de estar a la última, ya que la mayoría tiene un Iphone o un reloj de marca. Esta tribu es algo mainstream o normal en la actualidad, y todo el mundo ha sido o quiere ser hípster. En la actualidad esta pasada de moda.

  • Los Coolturetas:

Es la tribu de los intelectuales y cultos. Quienes pertenecen a ella adoran a Kafka y las películas japonesas. Les encanta la cultura alternativa y suelen criticar lo normal y común (mainstream). Suelen ser algo pedantes.

  • Los Lumbersexuales:

A este grupo pertenecen hombres como Ryan Gosling o Taylor Laurent. El nombre en español significa algo así como “leñador sexual”. Su estilo es algo rústico, utilizan camisas de cuadros, botas de montaña y llevan una gran barba.

  • Los BoBos:

Esta tribu es la más antigua. Su nombre hace referencia a la unión de burgueses y bohemios. El origen de este grupo social se sitúa en París. Los adeptos a él forman parte de la clase media-alta que pretenden ser más bohemios y alternativos

  • Los Swaggers:

Esta tendencia es la más nueva. Lo común a todos ellos es su forma de vestir: sudaderas, pitillos y zapatillas originales. Además son adictos a las selfies.

  • Los Killos:

Este colectivo es conocido por todos como canis (hombres) y chonis (mujeres). Sus elementos más característicos son los adornos de oro o dorados, los aros (chicas) y el uso del chándal. Adoran el flamenco y el rap hardcore

 Hasta aquí el recorrido por este fascinante mundillo de las tribus urbanas, espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo.

Viernes, 16 Marzo 2018 13:57

Expresiones

El español es una lengua con gran variedad de palabras y expresiones, algunas de ellas resultan extrañas a quienes no las conocen. Incluso los propios nativos de la lengua, a veces, nos sorprendemos con expresiones que nunca habíamos oído.
A raíz de esto, creo recordar que la semana pasada, la mujer que limpia en mi casa, una mujer burgalesa de toda la vida, que nació en un pueblo de la provincia y creció en Burgos utilizó la expresión Llover si conocimiento. La situación era la siguiente: acababa de llegar de la universidad con mi padre, ya que él me lleva a casa en coche hasta casa y estábamos todos allí. Ese día llovía con fuerza y de forma persistente y apenas había parado en toda la mañana, y al ver como llovía, esta mujer que, cómo os he dicho, limpia en mi casa, dijo: Llueve sin conocimiento. La expresión nos hizo reír a todos, pues nos resultó sumamente graciosa, además ninguno de nosotros la habíamos oído antes. Esta mujer nos explicó el significado de dicha expresión, que no era otro que “llueve alocadamente”, o “llueve mucho y sin parar”.
Otras expresiones utilizadas para decir que llueve mucho son algunas cómo llueve a cántaros o llueve a mares. Estas expresiones literalmente quieren decir que es como si lloviera un mar o unos cántaros, que son unos recipientes de barro que se utilizaban para llenar de agua antiguamente las mujeres que iban a la fuente. De ahí la expresión Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, dando a entender que quien se suele exponer a situaciones de peligro finalmente no podrá salir de una de ellas.
También hay expresiones para referirse a distintos tipos de lluvia, como por ejemplo para referirnos a una lluvia finísima típica del norte, cuyas gotas parece que floten, y que, a pesar de ello, acaba mojándonos. Esta lluvia es conocida en el País Vasco como txirimiri o calabobos en el resto de España. Solemos decir: ¡Menudo calabobos!, ¡Esto no es nada, es un txirimiri!, que hace referencia a que es una lluvia escasa. Decimos: ¡Está chispeando!, porque es como si cayeran chispas de lluvia. Decimos que chispea cuando comienzan a caer unas pocas gotas. En ocasiones caen unas gotas y después llueve mucho más, la expresión ¡Está chispeando!, la utilizamos al referirnos a las primeras gotas de lluvia antes de la tormenta. En ocasiones, la lluvia nos pilla por sorpresa y cae mucha cantidad; es entonces cuando decimos: ¡Menudo chaparrón!. Otra forma de expresar que llueve abundantemente, sería mediante la expresión: ¡Caen chuzos de punta!, antiguamente se llamaba chuzos a unas herramientas de hierro utilizadas como arma, con forma alargada y un lado afilado en punta. Esta expresión es exagerada, evidentemente.
Existen aún más expresiones con las que los españoles nos referimos al tiempo. Para indicar el estado del día, si es un buen día soleado, en el que no llueve y hace una temperatura agradable, decimos: ¡Hace un día espléndido!, pero si es un día oscuro o frío en el que nieva, graniza o llueve diremos: ¡Hace un día de perros!.

Para expresar que hay una temperatura baja, es decir, que hace frío, se usan expresiones como: Hace rasca, para decir que hace un poco de frío, pero algo más de lo habitual. Esta expresión se usa para alertar a otra gente sobre la baja temperatura, y avisarles de que se deben abrigar. En nuestro idioma para manifestar que hace mucho frío se utiliza la expresión: Hace un frío que pela, especialmente en invierno, que es cuando hace más frío. Otra forma de decir lo mismo pero de una manera mucho más coloquial incluso vulgar, es: ¡Hace un frío del carajo!. Cuando hay mucha humedad en el ambiente además del frío se suele decir: ¡Hace un frío que cala!, calar quiere decir mojar. Al haber humedad se nos moja la ropa por lo que parece que haga más frío del que realmente hace.
Para referirnos al calor, se utilizan expresiones como: ¡Hace un sol de justicia!, para referirnos a un día despejado y caluroso en el que brilla el sol. Esta expresión proviene de un castigo al que sometían a los presos en el pasado. Este castigo se basaba en atar a los presos y dejarles al sol veinticuatro horas sin poder beber ni comer absolutamente nada. Otra expresión es: ¡Hace un calor infernal!, para referirse al gran calor que hace en España en verano, pues en algunas regiones españolas por la noche se llega a 30º C. Otra expresión es: ¡Te vas a asar!, para referirnos a que hace tanto calor que es como si nos estuvieran cocinado vivos al horno. Por último, solemos decir: ¡Te vas a achicharrar!, para referirnos a lo mismo solo que, en este caso, achicharrar se refiere a quemar algo, es lo que queda tiznado y negro.

Hoy me atrevo a escribir unas palabras dedicadas al tema de las palabras tabú del mundo de la mujer, concretamente, de esos cinco días terribles que se repiten una y otra vez cada nefasto mes (¿ven la rima?).

Las palabras tabú son palabras que evitamos utilizar porque son socialmente mal vistas, hacen referencia a realidades consideradas desagradables, ofensivas, vulgares, groseras, poco elegantes, malsonantes, etc. Suele tratarse de las palabras relacionadas con las enfermedades, con la muerte, la edad, el sexo o también con la raza humana. Muchas veces son tabuizadas palabras que describen hechos absolutamente naturales, puede ser porque la gente teme de hablar de ellos en voz alta, ya que la realidad a la que se refieren resulta demasiado dura (como es el caso de varias enfermedades, la muerte o la verdadera edad de una mujer) o porque les da vergüenza. En este último caso se trata, por ejemplo, de las palabras que describen nuestra actividad sexual, nuestros procesos fisiológicos corporales o, en cuanto al mundo femenino, nuestro ciclo menstrual.

Tanto en mi país, en Chequia, como en España, las mujeres no dicen sin rodeos que tienen la menstruación, la regla o el periodo. Incluso en los anuncios de televisión se utiliza líquido azul para comprobar la absorción de una compresa, en vez de usar el color real de la sangre. No no, la menstruación es palabra que no se pronuncia. Es como Lord Voldemort cuyo nombre nadie quiere nombrar. ¡¡¡Pssst!!! En lugar de esa palabra, ya saben qué palabra (la que empieza con una eme), las mujeres utilizamos unas expresiones que describen nuestra situación indirectamente, más suavemente, con elegancia y decoro, es decir, usamos eufemismos (o, muchas no decimos nada, sufrimos calladas y nadie luego sabe ¡qué demonios nos pasa!). Y no solo las mujeres denominamos la menstruación de diferentes maneras, también los hombres son grandes inventores en este sentido. Por ejemplo, el mismo Quevedo usaba la expresión “calendas púrpuras” para referirse a estos días “de fresa”.

Aunque este proceso natural sigue siendo un tabú, la situación en nuestro continente no es tan dura. Nosotras solo no hablamos respecto al tema, ningún otro influjo la menstruación no tiene, es decir, nuestra vida sigue sin cambios: trabajamos, salimos, hacemos deportes, etc. Sin embargo, en Afganistán, la mayoría de las adolescentes no se ducha mientras menstrúa; en India las mujeres durante estos cinco días no pueden entrar en la cocina y comer con la familia; en Ghana las niñas con la regla no van a la escuela (y nosotras, las europeas, solo tuvimos el justificante para no participar a la Educación Física) y en Nepal, por seguridad, las mujeres son separadas (¿o “desterradas?”) de la vida pública. ¡Qué suerte que vivimos aquí!

Para más información sobre cómo viven las mujeres sus reglas en diferentes países pueden leer el artículo que encuentran bajo este enlace:

https://elpais.com/elpais/2017/11/09/actualidad/1510240864_380514.html

A continuación les dejo unas de estas expresiones que las mujeres usamos al hablar sobre “nuestros días”. Algunas son muy divertidas. Me llamó la atención, por ejemplo, la de la “amiga comunista”.

ALGUIEN HA VENIDO

Ha venido mi tío.

Mi amiga Inés, la que viene cada mes.

Ha venido mi prima.

La amiga comunista.

ALGO MALO, DOLOROSO, SUCIO…como una enfermedad

Estoy en los días malos.

Me duelen los riñones.

Estoy enferma.

Estoy indispuesta.

Estoy manchando.

Estoy mala.

Estoy en días críticos.

Menstruación como COSAS DE COLOR ROJO

La marea roja.

El tomate.

La de rojo.

OTROS

El club de la R.

Me están pintando el garaje.

Estoy en esos días del mes.

Estoy en mis días.

¿Y ustedes, queridas mujeres, usan alguna de estas expresiones (o alguna “suya”) o no les hace problema hablar abiertamente sobre sus cinco días del ciclo menstrual?

Como estudiante del español me enseñaron en el instituto que las profesiones terminadas en la vocal -o forman su equivalente femenino, en la mayoría de los casos, cambiando esta terminación en -a.

Así:
el arquitecto > la arquitecta
el bombero > la bombera
el ginecólogo > la ginecóloga
el médico > la médica
el ingeniero > la ingeniera

También me dijeron que hay ciertas excepciones a esta regla (pero pocas) como, por ejemplo, “modelo”, “testigo” o “miembro”. Estas palabras aunque terminan en la -o, no forman el femenino sustituyendo esta terminación por la -a, sino son invariables, son de género común, es decir, tienen una sola forma para ambos géneros gramaticales y lo único que marca la diferencia del sexo son los determinantes y adjetivos. Entonces se usa: el/la modelo (no “la modela”) el/la testigo (no “la testiga”) el/la miembro (no “la miembra”).


Y no terminaron en su discurso. Me explicaron también que entre las palabras del género común pertenece la mayoría de los sustantivos terminados en la -e: el/la estudiante, el/la conserje, el/la dibujante, etc. (aunque también aquí existen excepciones: el jefe, la jefa; el presidente, la presidenta; el cliente, la clienta) y los sustantivos terminados en -ista y -iatra: el/la taxista, el/la dentista, el/la pediatra o el/la periodista.


Sin embargo, algunas realidades me hicieron dudar sobre la veracidad de todo esto. ¿Tenían mis profesores lagunas en su conocimiento?

Primera duda vino cuando, ya en la universidad, mi profesor de literatura empezó a presentar la novela de Leopoldo Alas, la Regenta. ¡¿Cómo?! ¿La regenta es la mujer del regente y no la mujer que desempeña este cargo? Otras dudas me rodearon al escuchar algunas mujeres decir frases tipo: yo soy la médico/arquitecto/técnico/juez/jefe/presidente. ¿No son exactamente esos ejemplos de los que me dijeron que se escriben con la -a al final?


Empecé a buscar las respuestas y encontré cosas interesantes. Pero lo importante es que lo dicho de parte de mis profesores era y es absolutamente correcto. Vamos a ver la verdad.
Las palabras de género femenino como regenta, concejala, jefa, sastra, alcaldesa, ministra, médica, jueza o presidenta antes no designaban cargos desempeñados por las mujeres, sino su cargo de ser mujer del hombre que este cargo desempeñaba. La razón es sencilla. Antes simplemente no había mujeres ejerciendo esos empleos. Por tanto, no existía ninguna necesidad de nombrarlos. Así, la terminación -a en estas palabras significaba “mujer del”. Pero los tiempos cambian. Hoy en día hay muchas ministras, muchas concejalas o muchas médicas, es decir, mujeres que ejercitan estos cargos (y no cargos de ser mujer del ministro, concejal o médico) y en el Diccionario de la RAE bajo la acepción que dice “mujer del” ya encontramos importantes abreviaciones: f. coloq. desus, o sea, femenino, coloquial y DESUSADO. ¿Y cuándo dejó la terminación -a designar a “la mujer del”? Esto no lo sé exactamente, para decir la verdad, pero la evolución natural de muchas de estas voces era la siguiente. Primero pasaron a ser comunes (el/la médico), es decir, la forma terminada en –o acompañada con un artículo femenino “la” (la médico) empezó a emplearse para designar una mujer que desempeña este cargo. Pero luego, después de ser comunes, pasan a tener una forma específica para el femenino utilizando la terminación -a, en otras palabras, esta terminación dejó de designar “la mujer del” y empezó a usarse para marcar una mujer encargada de un empleo concreto (la médica), sin que esto implique que la forma común sea incorrecta. Brevemente:
la médica “mujer del médico” → la médico “persona legalmente autorizada para profesar y ejercer la medicina” → la médica “persona legalmente autorizada para profesar y ejercer la medicina”
Y esta última forma (la médica) es la que se considera correcta y recomendada por la norma académica.
¿Y la razón por que las mujeres mismas hablan sobre sí como “la médico/jefe/juez”, etc.? Cosa que tampoco me estaría clara si lo dijeron las mujeres de España. Pero en otros países hispanohablantes, esos sustantivos tienen más acogida con género común. De ahí que también se usen sin alterar su forma para referirse a hombres y mujeres.