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Elementos filtrados por fecha: Junio 2018
Jueves, 28 Junio 2018 13:11

¿Qué es el llanito?

Dada su larga vida, el español es una lengua que posee una gran cantidad de variedades y dialectos a lo largo y ancho del mundo. El llanito, propio de Gibraltar, es una de estas variedades y, probablemente, también una de las menos conocidas. En el artículo de hoy vamos a ver en qué consiste exactamente el llanito.

Pero primero vamos a hablar de Gibraltar. Éste es un territorio británico situado en el extremo sur de la Península Ibérica. Sin embargo, no siempre fue propiedad de la Corona Británica, de hecho, formó parte de los territorios de la Corona Española hasta que en el año 1704, en el contexto de la Guerra de Sucesión Española, una flota de navíos ingleses y holandeses, comandada por el archiduque Carlos, pretendiente de la Corona de España, tomó Gibraltar. Posteriormente, con el Tratado de Utrecht en 1713, la posesión británica quedó reconocida y Gibraltar pasó a convertirse en colonia de Gran Bretaña.

Esta situación, dio lugar a una realidad lingüística muy curiosa. El inglés se convirtió en la lengua oficial del territorio, utilizada en el ámbito formal, como el trabajo o los asuntos oficiales. Mientras que el español, pasó a ser una lengua extraoficial, utilizada en el ámbito informal, con familiares y amigos. La coexistencia de ambas lenguas dio lugar al dialecto conocido como “llanito”, consistente en una mezcla de ambos idiomas, del inglés británico y del español de Andalucía, en una misma frase.

El llanito, por tanto, es una suerte de ‘spanglish’, aunque con ciertas diferencias respecto a éste. Supone una traducción literal de un idioma a otro, así como la españolización y adaptación de términos ingleses. De este modo, es posible escuchar palabras como:

 -“Cimén”, del inglés cement, “cemento” en español.

- “Tipá “, del inglés tea pot, “tetera” en español.

- “Pipería”, del ingés pipe, “tubería” en español.

También oraciones como:

- “Llámame p’atrá”, proveniente de call me back, que en español sería “devolver una llamada”.

-“Stop giving me the thin”, en español “para de darme la lata”, expresión que en inglés sería stop bothering me.

Éstos son sólo algunos ejemplos de lo que es el llanito, aunque sus posibilidades son infinitas al no existir reglas para la combinación de ambos idiomas.

 En último lugar, cabe añadir que, si bien el llanito no está reconocido como lengua oficial, su uso es muy frecuente en Gibraltar, siendo, de hecho, una seña de identidad cultural para los gibraltareños. Además, dada la  riqueza lingüística resultante de este intercambio de idiomas, no se puede negar su interés y valor lingüístico.

Viernes, 22 Junio 2018 11:11

"¡A buenas horas, mangas verdes!"

 

El español está lleno de refranes, es una lengua que se nutre de expresiones populares para explicar o hacer referencia a fenómenos diarios. Por desgracia cada vez se usan menos y están cayendo en desuso. Por eso, muchos de ellos son desconocidos para los más jóvenes. Así que hoy vamos a explicar el significado del dicho popular “¡A buenas horas mangas, verdes!”.

Este dicho lo pronuncia Miguel de Cervantes en el capítulo 11 de la serie El Ministerio del Tiempo, contra Pacino que se hace pasar por un cuadrillero de la Santa Hermandad. En este fragmento lo puedes ver.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-ministerio-del-tiempo/buenas-horas-mangas-verdes-cervantes-pacino/3501808/

¿Cuál es el origen de la expresión?

Para empezar, “a buenas horas”, es una expresión utilizada después de pedir algo a alguien, por ejemplo, ayuda, para señalar que lo pedido ha llegado demasiado tarde, en un momento en el que ya no es necesario porque no se puede hacer nada.

            Ejemplo: 

-Está lloviendo, tráeme un paraguas.

            *Una hora después.*

-A buenas horas, mangas verdes, ya me he mojado.

Por otro lado, los cuadrilleros de la Santa Hermandad eran una unidad militar permanente, creada por los Reyes Católicos en el siglo XV, cuyo uniforme era de color verde oscuro, como podemos ver en el vídeo, motivo por el que  eran popularmente conocidos como "los mangas verdes". Su labor consistía en mantener el orden en los territorios, persiguiendo y atrapando ladrones y criminales y, por eso, se le considera el primer grupo policial de Occidente. El problema es cuando recibían un aviso nunca llegaban a tiempo para detener a los culpables o para resolver los problemas, de manera que su ayuda servía de bien poco. De ahí la expresión completa: “¡A buenas horas, mangas verdes!”

Dejo otro ejemplo de la expresión empleada por Benito Pérez Galdós en su obra “De Cartago a Sagunto” (1911):

            “En los escaños retumbó el estruendoso clamor de ¡Todos somos unos! ¡Todos   somos unos para defender la República! Al oír esto no pude contenerme. Se me   encendió la sangre, y con toda la fuerza de mis pulmones lancé al hemiciclo        estas palabras: «¡A buenas horas, mangas verdes! Majaderos fuisteis; sed ahora ciudadanos y dejaos matar en vuestros asientos».”.

 

Viernes, 15 Junio 2018 12:07

Leísmo, laísmo, loísmo

El leísmo, laísmo y loísmo son los fenómenos resultantes de emplear de manera inadecuada los pronombres “le”, “lo”, “la”. Pero, ¿Por qué ocurre esta confusión? Pues bien, eso es lo que se va a explicar en este artículo.

El español es una lengua romance, esto es, proviene del latín, por lo que su gramática y su vocabulario han sido tomados de esta lengua. El latín tenía como pronombres demostrativos hic, haec, hoc, ille, illa, illud/illum, con sus respectivas formas, tanto en singular, como en plural.  El castellano, en sus orígenes, incorporó sólo ille illa illud/illum, y sus formas plurales, de los que con el tiempo se obtuvieron los pronombres “le”, “la”, “lo” y sus formas plurales.

El español mantuvo las funciones sintácticas latinas, de manera que si illa e illud (“la” y “lo”) eran caso acusativo, en castellano se establecieron como pronombres de objeto directo. Y como ille (“le”) era dativo, en castellano se mantuvo como objeto indirecto.

Sin embargo, pronto surgió entre los hablantes del castellano un nuevo problema: Estos pronombres no permitían distinguir el género gramatical, de modo que no se sabía si “lo” era masculino o neutro y si “le” era femenino o masculino.

Por tanto, tuvo lugar una renovación del sistema que dio como resultado una distribución híbrida entre la originaria latina y la nueva castellana, mediante la que sí es posible conocer el género al que se hacía referencia. De modo que “le” era un pronombre masculino, “la”, femenino, mientras que “lo” se usaba en contadas ocasiones, como neutro, derivando en un problema de leísmo y laísmo que afectó, durante la Edad Media a toda Castilla, pero también al norte de la Península en general. Este sistema perduró durante años, de hecho, escritores del Siglo de Oro (XVI-XVII), como Cervantes o Quevedo eran grandes leístas.

Si bien en un principio, la RAE apoyó tal sistema, pronto inició una reforma del mismo hasta llegar a la distribución que se conoce actualmente y que hace eco del sistema latino. Así pues, “le” es objeto directo, sin importar el género al que se refiera, mientras que “la” y “lo” son objeto directo, femenino y masculino, respectivamente.

En cualquier caso, a pesar de que la RAE haya fijado estas normas, no ha conseguido despejar el leísmo, laísmo y leísmo del habla popular, puesto que siguen siendo fenómenos frecuentes en el país, en especial, el leísmo. Así, puede ser habitual el uso incorrecto de “le” como objeto directo en, por ejemplo, “(los guantes) les compró”, en lugar de la forma correcta "(los guantes) los compró", o de “la”, como objeto indirecto ‘femenino’ en “la dijo”, en lugar de "le dijo".

Fuente: Diccionario Panhispánico de Dudas. RAE

Jueves, 07 Junio 2018 13:23

El origen de la palabra "ojalá"

 

Los árabes llegaron, desde el norte de África, a la Península Ibérica en el 711 a.C. y la conquistaron rápidamente. Tal conquista fue casi completa, solo ignoraron algunos pequeños territorios del norte por su escasa riqueza. De este modo, se produjo una fragmentación poblacional y cultural en el territorio, y la Península quedó dividida en dos partes: Una mitad norte, cristiana, que más tarde emprendería la Reconquista y una mitad sur, denominada Al-Andalus, donde la influencia árabe sobre sus pobladores fue muy relevante.

Antes de la Reconquista, los árabes dejaron su impronta en la Península en un gran número de ámbitos, permitiendo a estos territorios evolucionar y desarrollarse es muchos aspectos, tales como la arquitectura, la botánica, la agricultura, la filosofía, la medicina, la cocina… y, también, en el ámbito lingüístico. Estos 800 años de convivencia entre árabes y cristianos provocaron que el árabe, lengua oficial, y el romance se mezclaran, dando origen a palabras y expresiones que perviven hoy en día, como todas esas que empiezan por “al-” (almohada, alcalde, alférez, albañil, algoritmo…). Y la expresión “ojalá” es una de ellas.

Esta expresión forma parte de nuestro vocabulario diario y la empleamos sin darnos cuenta de su curioso origen. “Ojalá” es una expresión del árabe clásico “wa-šā’ allāh”, que significa “Quiera Dios”, generalmente usada para expresar buenos deseos para otroas personas. En el árabe hispánico hablado en la Península, la forma original de la expresión sufriría una adaptación local, y pasaría a ser “law šá lláh” ("si Dios quiere"). Cabe destacar que la pronunciación de “šá”, se asemeja al “ja” actual, de manera que, la expresión del árabe clásico se pronunciaría de manera similar al actual “ojalá”, mientras que en el árabe hispánico la pronunciación sería “lojalá”. Como con el tiempo la “l” inicial acabaría desapareciendo, el resultado sería una expresión que sonaría, en la oralidad, como el actual “ojalá” y tendría el significado actual: “si Dios quiere”.

Esta expresión siguió utilizándose para expresar esperanza o deseos de algo suceda, incluso después de la Reconquista y hasta nuestros días. No deja de resultar curioso, que una palabra que hace referencia a un Dios islámico se siga empleando en la actualidad en una sociedad cristiana. Pero esto mismo es un buen ejemplo, de cómo “ojalá” ha perdido parte de su significado religioso originario integrándose como una palabra más en nuestro idioma, así como en otros hablados en la Península, conservando sólo su significado último: “Deseo vivo de que algo suceda” (DRAE, 2014), sin importar qué Dios sea.

 

 

Fuente: Coromines, Joan & Pascual, José A. (1991-1997) Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico Madrid: Gredos

 

El español es una de esas lenguas con peculiaridades inexplicables, pero son precisamente estas peculiaridades, distintas en cada región española, las que la convierten en una legua verdaderamente apasionante.

Pero, al mismo tiempo, la hacen una lengua difícil de aprender para los extranjeros, y no solo para los extranjeros, a veces, los nativos del español también podemos encontrarnos con ciertos apuros en lo que a ciertos rasgos lingüísticos de refiere. Un buen ejemplo de esto, es la “h”. Con frecuencia he escuchado esta pregunta “¿Por qué existe la h si es muda?” La pregunta parece lógica, ¿Por qué mantener en nuestro idioma una letra que no suena, si lo único que hace es entorpecer la escritura?

Pues bien, en este artículo vamos a responder, parcialmente al menos,  esa pregunta. La existencia de la “h” data de antiguo. En origen, no era muda, de hecho, ni siquiera existía como “h”, sino que era un “f”. Sí, una “f”. La forma de palabras actuales como “hablar” o “hermoso”, en el castellano antiguo del siglo XV y anterior, era “fablar” y “fermoso”.

Entonces, ¿Cómo pasó esta “f” a transformarse en una “h” silenciosa? Pues bien, la “f” inicial de las palabras podía resultar difícil de pronunciar y ralentizaba el discurso, de manera que, dado que los humanos somos tendentes a buscar maneras de que nuestra vida sea más sencilla,  hacia el siglo XVI la “f” dejó de pronunciarse y comenzó a aspirarse, facilitando enormemente la articulación de las palabras. Los estudiosos de la época que observaban el fenómeno, concedieron a esta aspiración el signo fonético “H” y, finalmente, este signo sustituyó en la escritura a la “f”. Siglos más tarde, la aspiración también dejó de realizarse y el resultado fue la “h” muda que todos conocemos hoy en día.

Cabe destacar que, si bien en la mayor parte de España la “h” es muda, en el sur del país, como en Andalucía o Extremadura, entre otros lugares, se ha mantenido la aspiración, dando lugar a  fenómenos como:

“hartado”- “jartao” o “ahorgarse”- “ajogarse”. Cabe precisar que la “j” en Andalucía y el sur de España, tiene una pronunciación más suave que en el resto del país. Lo mismo pasa en algunas zonas de América Latina.

Es probable que la “h” acabe desapareciendo, como lo han hecho otros muchos rasgos del español medieval para dar lugar al idioma que hablamos actualmente. Pero hasta entonces, la “h” seguirá presente en nuestras vidas y seguirá siendo necesario escribirla aunque no la pronunciemos.