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Hay directores que sólo saben dirigir un tipo de película o género. Algunos se desenvuelven mejor en el terreno de la acción y otros en cambio se sienten como pez en el agua explorando las posibilidades de la comedia. Howard Hawks era otra cosa, Howard Hawks era un ‘multiusos’. El director estadounidense podía tocar un western, una comedia o un drama y hacer de las tres cosas un producto condenadamente entretenido y artístico.

¿En qué consistía su habilidad? Una de las claves de su filmografía es el ritmo narrativo. Hawks controlaba a la perfección el tempo de cada género. La contemplación en el western, el ritmo ágil en la comedia y la narración sombría y por capítulos del cine negro.

La sencillez es otra de sus características. Realizaba planos sencillos que no fáciles. La composición y el encuadre no pretendían resultar evocadores, servían como narración de las historias, un aspecto que también lo asemeja a  John Ford.

Muchos de los guionistas que trabajaron con él alababan lo bien que llevaba situaciones aparentemente cotidianas al cine. Tenía verdadero talento para que contando diferentes historias, el espectador pudiese relacionar sus películas. Una situación dada en Bola de Fuego podía aparecer repetida de otra manera en el subconsciente de Luna Nueva.

La buena dirección de los actores era también una de sus habilidades. Gente de la talla de John Wayne o James Caan valoraban como un factor fundamental la espontaneidad que les dejaba, así como el trato cómplice con ellos. De ahí que muchas de las situaciones parezcan repetidas o similares en sus películas independientemente del género, siempre tenían una resolución o un punto de vista diferente por la acción de los actores.

Ya lo decía el guionista Robin Wood: “Howard Hawks no creó ningún género, pero ha filmado una obra maestra de cada género que ha tocado”.

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