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Elementos filtrados por fecha: Octubre 2018
Viernes, 19 Octubre 2018 22:36

Lo que nadie ve

Hace unos días miré por curiosidad mi lista de amigos en la web de crítica de cine Filmaffinity. Me resultó chocante comparar mis votaciones con las del resto de amistades que tengo agregadas en la red social creada por el mirandés Pablo Kurt Verdú. La media de puntuación respecto a mis valoraciones estaba entre el bien y el notable. Sin embargo, mis amigos apenas llegaban al suficiente con más de 200 películas votadas. Además la mayoría de votaciones rozaba con más intensidad el cuatro que el cinco como nota media final.


Entonces me puse a hacer algo que no suelo practicar, el pensamiento. ¿Cómo hay que valorar una película? El hecho de haber estudiado algo relacionado con el cine me hace valorar de una manera determinada cosas que un espectador estándar no suele hacer. No tiene nada que ver con ser un pedante, un sibarita o cualquier tontería del estilo. No pertenezco al gremio ni creo tener talento para ello pero considero que el mero intento de realizar una película y presentar una obra audiovisual no puede considerarse como un cero. Por eso me parece fantástico que en la web la nota mínima sea la de uno.


Este texto no pretende llegar a la profundidad del papel del crítico respecto a la obra y el autor. Tan sólo, reivindicar y valorar otras cosas que quizás no se conocen. Porque si una escena ha salido mal, ha posido ser por diferentes motivos: un actor enfermo o con un mal día, un diálogo mal medido, la imposibilidad de grabar en el escenario ideal, que el generador no haya podido alimentar a los focos y se vea muy oscuro, que el ayudante de dirección haya pasado la noche en vela y no haya convocado a los actores a la hora, que no hubiese presupuesto para filmar una toma, que aparezcan unos espontáneos haciendo ruido, etc.


Esto es extrapolable a casi todas las arte. ¿Hasta qué punto influye la vida personal en el artista? ¿Y sus condicionantes? ¿Y en el propio crítico? Por eso, cuando alguien me dice: “Esa película es una basura”, siempre intento indagar en las razones. Deseo conocer su forma de llegar a tal conclusión. Ya sea porque le parece que la narración es muy pesada, por el hecho de que haya muchos microplanos o porque tenga a ese determinado actor encasillado en el drama o la comedia. Me parece lo más justo.


Algo no es malo porque es malo y ya está. Dentro de la subjetividad de cada uno se puede valorar el porqué te parece algo malo basándote en una serie de parámetros. Cuanta más información conoces sobre una película, su rodaje, su equipo, puedes tener una mejor perspectiva para realizar un baremo y puntuar esa película
Y si no, pues le pongo un dos. Es mala y ya está.

Viernes, 05 Octubre 2018 18:08

Una vergüenza de serie

Una de las sorpresas en forma de serie de la pasada temporada fue la producción Vergüenza. Protagonizada por Javier Gutiérrez y Malena Alterio, la ficción daba rienda suelta a las locuras de Juan Cavestany al guión y de Álvaro Fernández-Armero a la dirección.


La serie se une a las propuestas de comedia de situación de los últimos años. Desde un formato de 25 minutos y la evasión de las risas enlatadas, Vergüenza hace alusión a su nombre desde el capítulo piloto. La vergüenza es la sensación que uno tiene cuando ve las situaciones en las que se ven envueltos los protagonistas de la serie.


Javier Gutiérrez (Jesús) y Malena Alterio (Nuria) se meten en la piel de una pareja cansada de sus respectivos trabajos, Jesús es un fotógrafo de bodas, bautizos y comuniones que tiene como máxima aspiración convertirse en un artista reconocido por la calidad de sus trabajos y exposiciones; Nuria por su parte está hastiada de su trabajo, ansía buscar nuevos horizontes y siente la necesidad de tener un hijo.


El guión no busca el continuo desparrame del espectador, no se esfuerza en conseguir la carcajada. La propuesta es otra. Gutiérrez y Alterio dan vida a cualquier pareja de amigos que sólo conocemos de cara a la galería. Buscan la apariencia pero no porque la necesiten, sino porque esta sociedad les ha condenado a quererla.


El subtexto que hay debajo de toda la miseria que retratan Armero y Cavestany tiene el poder de pasar desapercibido. Un simple comentario de Jesús a una chica algo rellenita preguntándole por su embarazo desembarca en un océano de inseguridades y meteduras de pata; una muestra de amabilidad de una clienta se convierte en un sueño de seducción; una ventana inexistente en uno de los baños de la casa de la pareja se proclama como una batalla vecinal y de ego en toda regla.


Dar verguenza no es malo, y si no, miren la serie.