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Elementos filtrados por fecha: Febrero 2018

El ‘Premio de la Crítica de Castilla y León’, veterano galardón literario instaurado por el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, vuelve un año más –y ya son dieciséis consecutivos- a reconocer la calidad del trabajo literario de los escritores de Castilla y León, comunidad extensa geográficamente, cuna del castellano y espacio físico donde prolifera la literatura de calidad, en el que conviven distintos estilos y tendencias. Autores veteranos conviven con jóvenes promesas de las letras y publican de firma habitual. La producción literaria vinculada a Castilla y León resulta variada y los miembros del jurado que participan en este encuentro.

Veteranos de las letras conviven en armonía con jóvenes valores que aportan nuevos bríos a una literatura que siempre ha estado viva, que ha gozado del favor del público y que lejos de limitarse o considerarse a sí misma como una literatura ‘autonómica’, mira más allá; sus autores publican y venden en todo el país o incluso fuera de las fronteras nacionales, obras que en muchos casos son traducidas y encuentran un hueco en lectores de otras latitudes.


Ávila vuelve a ejercer de ciudad anfitriona para acoger de nuevo el encuentro de los miembros del jurado encargado de discutir y dictaminar sobre la calidad y las cualidades que poseen los libros que han llegado a la recta final, después de numerosos debates y lecturas por parte de los críticos; una difícil pero siempre imprescindible criba que ha dejado en diez los títulos finalistas de una convocatoria en la que figuran ejemplos de distintos géneros como son el ensayo, el microrrelato, la novela o la poesía. Títulos todos ellos publicados durante 2017, que durante ese tiempo han llegado a los lectores de la Comunidad.
Hace unos pocos días, la organización daba a conocer la opinión final de los miembros del jurado. Están nominados Rubén Abella con 'No habría sido igual sin la lluvia', Enrique Andrés Ruiz con 'La carroña'; José Luis Cancho, con 'Los refugios de la memoria'; Verónica Fernández, con 'La librería de Michelle'; Avelino Fierro, por 'La vida a medias', Luis Ángel Lobato, con 'Unos ojos en la travesía', Luis Mateo Díez por 'Vicisitudes', Andrés Martín con 'Boreal', Gustavo Martín Garzo por su ‘No hay amor en la muerte' y Ángel Vallecillo con 'Akúside'. Obras todas ellas de indudable calidad que aspiran a hacerse con uno de los premios literarios más prestigiosos de la Comunidad.


De nuevo, el Palacio de los Verdugo de la capital abulense será el lugar donde se concentren durante unas horas los miembros del jurado para poner puntos en común y decidir cuál de estos finalistas merece ser el nuevo ‘Premio de la Crítica’. El miércoles 28 de febrero es la cita.

Viernes, 23 Febrero 2018 14:26

La uve no es la be, aunque suena como ella

En checo, mi lengua materna, son fonemas absolutamente distintos. La representa una oclusiva bilabial sonora, mientras la , una fricativa labiodental sonora. En suma, la y la son dos letras donde cada una representa un sonido particular, cosa que no conocemos en español… ¿o sí?


Hay gente que piensa que una letra (un grafema) necesariamente representa solo un fonema (sonido particular) y no puede haber más letras que representen ese mismo sonido, por eso, hay gente que piensa que la letra tiene su pronunciación particular de la misma manera como la tiene la letra , es decir, son letras gráficamente distintas, así, deben de pronunciarse de forma distinta. Esta gente se equivoca.
El sistema alfabético español no es tan estricto. En español a un único grafema, a una única letra pueden corresponder dos sonidos (por ejemplo la en palabras como goma, girar) y también dos grafemas pueden representar un único sonido, caso de nuestras letras y (o, por ejemplo, de “c”, “z” y “s” en zonas seseantes). De esto resulta que “a ver” y “haber” son ejemplos por excelencia de homofonía.
Pero ¿por qué alguien distingue la pronunciación de estas dos letras? ¿Tiene eso algo que ver con la evolución del español desde latín? ¿Se pronunciaban de manera distinta en algún momento de la evolución del español? Vamos a ver.


El castellano proviene del latín y así más o menos heredó sus usos en la escritura, es decir, las palabras latinas sí se transformaron al llegar a la forma que hoy en día conocemos en español, pero estos cambios no eran tan radicales, la base de la palabra se queda casi la misma. Si en latín usaban “palomba” nosotros tenemos “paloma”. ¿Por qué complicarse la vida escribiendo esta palabra con letras distintas? Y de igual manera ocurrió con nuestras dos letras. Simplemente: donde en latín había una la hay también en castellano (bibere → beber) y donde había una , la también encontramos en castellano (vivere → vivir). Y en cuanto a la pregunta si se pronunciaban alguna vez distintamente, la respuesta es sí, pero solo en latín, no en el romance (así denominamos la lengua derivada del latín de la que evolucionó nuestro idioma). En latín existían la “b” (bibere → beber), que se pronunciaba como hoy en día, y la “v” que equivalía a la letra “u”, es decir, la “v” y la “u” eran dos letras que representaban el mismo sonido, en este caso, el de la nuestra vocal “u”. En torno al siglo I d.C., este sonido vocálico empezó a hacerse consonántico, o sea, la palabra “vino” se dejó de pronunciar como “uino”, sino algo parecido a “bino”. Y cuando surge el castellano en la Edad Media, se pronuncian la “b” y la “v” igualmente, como lo hacemos hoy.


Y si quisiéramos ser todavía más exactos: desde la Edad Media cada una de nuestras dos letras representa dos sonidos un poco distintos (alófonos), desapercibidos para los hablantes. Siempre depende de la posición. Si la “b” o la “v” es la inicial absoluta o si se encuentra tras una consonante nasal, su sonido es más fuerte, concretamente se trata de una oclusiva [b]. Aparece por ejemplo en las palabras “vaca” o “botella” si las pronunciamos aisladamente. El segundo sonido es más suave, fricativo [β]. Este surge cuando estas grafías se hallan entre vocales o luego de una consonante que no sea nasal, como por ejemplo en “lavar”, “la vaca”, “lobo” o “alba”.


Conclusión. Las letras “b” y “v” del alfabeto español son letras diferentes cuyo sonido suena igualmente, así, nunca las deberían pronunciar diferentemente. Pero aunque suenan igual, ¡¡¡no cometamos errores ortográficos confundiendo una por otra, la baca no es la vaca!!!

La nueva serie que Netflix estrenó el pasado viernes 9 de febrero es una oda a los 90’s y a valores que tenemos que revisar. Everything sucks! es más que “Wonderwall”, es una comedia familiar que nos recuerda que hay cosas en las que aún tenemos que trabajar para que nuestra sociedad sea inclusiva y no juzgue sin conocer.

Prometía ser una nueva Stranger Things menos ambiciosa, pero superó expectativas en temas que la anterior no llegó a contestar. Es lo normal, son series diferentes, pero su unión vital es la nostalgia. Esa nostalgia en la que vivimos inmersos, donde recordamos arcades, discmans, petos de vaquero y flequillos con secadora. Y la música, claro.
Nos teletransportamos a los 90’s donde un grupo de novatos de instituto entra al club de audiovisuales y se topa de lleno con el club de drama. Sin necesidad de chocar con la topiquísima de “jocks vs. nerds” entramos en un dilema más interesante y turbulento en esos años de hormonas revueltas: los conceptos. Etiquetas personales… out.
Un personaje descubre que a lo mejor no le gusta lo que todos dicen que debe gustarle, otro eleva cada gesto a la máxima expresión sin comunicación de por medio, otros tiran de ideas antiguas sin valorar las características individuales de cada uno y otra no sabe quién es ella misma por jugar a “quiero ser”.

Son capítulos de 20 minutos, 10 capítulos. Una tarde. Mi tarde del viernes pasado. Y ¿sabéis qué? Valió la pena. No es la serie del año, ni del mes, pero es entretenida y aborda temas muy importantes para los pre-adolescentes y adolescentes de esta época tan mediatizada e influenciable. Mi hermana pequeña ya tiene la serie en su lista de pendientes, es necesario. Everything sucks! nos demuestra ser una serie familiar con suficiente trama para que la terminemos con buen sabor de boca.

Pedro Casablanc protagoniza esta obra de teatro que Buxman producciones trae al escenario del Teatro Principal de Palencia. Dirigido por Antonio Simón, esta crítica social introspectiva nos invita a reflexionar el sentido de la sociedad a través del teatro.

Esta obra de teatro escrita por Tankred Dost está llena de guiños a las segundas oportunidades y nos muestra la falta de generosidad de la sociedad contemporánea.

Pedro Casablanc encarna al protagonista Feuerbach que se ve infravalorado por una industria egoísta y con antecedentes de artista maduro en decadencia. Por otro lado, Samuel Viyuela interpreta al antagonista, un joven ayudante de dirección que le hace la vida imposible.

Esta representación supone cinismo, humor, violencia, delicadeza… todas herramientas para que Feuerbach no continúe siendo el cómico patético y desesperado: "He sido convocado para eso, para que usted me vea, para que pueda darse cuenta de si lo que sé hacer y lo que soy corresponde a lo que usted espera”.

FECHA Y LUGAR
23 de febrero a las 20.30h en el Teatro Principal de Palencia
Todos los públicos, 9, 12, 14 y 15 € según zonas.

Hoy presentamos el nuevo movimiento literario: Literatura Abstracta que está revolucionando todo el mundo. Nos vemos a las 20:00 en CAMELOT SALAMANCA y quien sabe, lo mismo te gusta y nos ayudas a conseguir el reto de escribir el primer libro de la historia de literatura abstracta.

 

Viernes, 16 Febrero 2018 14:08

La e- protética

El tema de las peculiaridades en español me empezó a gustar. Por eso, voy a seguir con él también en este artículo.
La evolución de la lengua siempre me ha fascinado y no es sorprendente que la historia del español fue mi asignatura favorita. Todos esos cambios que sufre una palabra al llegar a la versión final (mejor dicho, a la versión que hoy en día conocemos, porque no es seguro que esta sea la parada final) son, me repito, fascinantes. Aunque puede parecer a primera vista la evolución de una palabra muy compleja, no lo es. En la mayoría de los casos los cambios se rigen por algunas reglas, así al final no es difícil descubrir los caminos por los cuales una palabra ha discurrido.
El español, como las otras lenguas románicas peninsulares, evolucionó del latín vulgar que trajeron consigo a la Península los romanos al vencer a los cartagineses durante la segunda guerra púnica. Pero la evolución del latín al español no fue rápida, sino paulatina. El español sufría cambios de varios tipos hasta el siglo XVIII y desde este tiempo hablamos sobre el español moderno, es decir, desde este tiempo el español queda casi el mismo (sufrió solo más o menos cambios insignificantes).
Las muestras de las palabras en latín y sus equivalentes en español (que evolucionaron de ellas):
alium > ajo
apicula >abeja
fábulam > habla
Hispaniam > España
lactuca > lechuga
mulierem > mujer
novaculam > navaja
poenam > pena
somnum > sueño
stellam > estrella
Y toda esta introducción extensa me sirvió para comentar un solo fenómeno típico para nuestra lengua, la “e” protética. Pero en este caso, no se tratará de una peculiaridad del castellano, ya que este mismo fenómeno encontramos también en otras lenguas de la península ibérica.
La prótesis en lingüística significa adición de un sonido al principio de un vocablo. Fenómenos parecidos son la epéntesis y la paragoge. También es estos casos se trata de la adición de un sonido, pero en el caso de la epéntesis el sonido se coloca en posición interior y en cuanto a la paragoge, al final de la palabra. Pero volvamos a la prótesis. Puede tener varias formas en español, por ejemplo, mediante esta surgió “amatar” añadiendo la vocal “a” al principio de la palabra “matar”. Sin embargo, lo más típico para el español es tal llamada “e” protética. Esta aparece casi desde los principios del nacimiento del castellano y sigue siendo modificar los extranjerismos hoy en día. Para los españoles no existe “skypear”, sino “eskypear”, la bebida “sprite”, sino “esprite” o el club de fútbol Stoke City FC, sino Estoke City FC. Entre las voces extranjeras ya adaptadas al español luego encontramos palabras como estatus (< status), estándar ( standard), esmoquin ( smoking), esnob ( sob), espray ( pray), esquí( ski), etc. Esdecir, los españoles modifican todas las palabras que empiezan con la s- inicial (también llamada “líquida”) seguida de una consonante, ya que la secuencia de estos sonidos en una sílaba les resulta impronunciables. Pues, los órganos articulatorios de los españoles son adaptados para hablar su lengua materna, no inglés, por ejemplo. Y como los españoles hoy en día “arreglan” este tipo de palabras añadiendo la e-, también lo hacían los habitantes de la península ibérica en la época de los romanos incapaces de pronunciar estas s- líquidas. Así, ninguno de este tipo de ese que aparecía en el latín peninsular sobrevivió en el paso del latín al español.
Aquí hay algunos ejemplos de este proceso cuando la s- inicial latina seguida de otra consonante desarrolló una vocal de apoyo, la e-:
scalam > escala
scandalizare > escandalizar
scribere > escribir
scholam > escuela
spectaculum > espectáculo
spectrum > espectro
spermam > esperma
spinam > espina
spiritum > espíritu
spumam > espuma
stadium > estadio
statuam > estatua
stilum > estilo
stoicum > estoico

Por esta afición, los españoles son fácilmente reconocibles si intentan hablar otro idioma. Por ejemplo, si quiere entablar una conversación con un extranjero en inglés, el dicho extranjero enseguida se da cuenta de que habla con un español. Solo basta escuchar (además del acento) cómo modifica las palabras:
Do you speak english? –Yes, I espeak.
My name is Steve, what's your name? – Nice to meet you eSteve, I am Jorge.

El libro antiguo es un bien perseguido y codiciado. Buscar ‘tesoros bibliográficos’ escondidos entre los restos de ediciones de las conocidas popularmente como ‘librerías de viejo’, en estanterías semiocultas y de acceso no siempre sencillo, constituye un interesante divertimento para todos aquellos que disfrutamos con la lectura y que también tenemos el hábito de brujulear en busca de pequeños tesoros, de títulos que no se limitan exclusivamente a la última novedad editorial, al autor de renombre o al best seller de turno.

Ediciones que se creían perdidas, autores ‘desaparecidos’, libros descatalogados y muchas veces olvidados, se pueden localizar en un espacio concreto gracias al esfuerzo de un puñado de librerías que trabajan en el segmento del libro antiguo, que saben que su producto sigue siendo demandado y buscado con ahínco por muchos lectores que buscan hacerse un hueco. Con esta premisa como punto de partida, la Asociación de Libreros de Burgos viene apostando desde hace años por cubrir este hueco y atender a las demandas de este extenso conjunto de lectores, que encuentran en este tipo de comercio un producto de difícil acceso, que sigue teniendo interés y que resulta para muchos interesante.

Con este punto de partida, resulta de justicia elogiar la labor que viene promoviendo desde hace ya 16 años este colectivo profesional burgalés a la hora de dar a conocer este producto, que tiene al céntrico Monasterio de San Juan de la capital burgalesa como foco en el que se dan cita obligada a mediados de febrero un puñado de librerías de distintos puntos de España, fieles a un encuentro con el público que representa una apuesta por consolidar el libro antiguo. Una cita obligada para muchas de estas librerías, que comparten su entusiasmo con el público, y que ofrecen un producto muy específico y, casi siempre, de difícil comercialización. Las numerosas novedades que saturan el mercado y la breve vida del libro convencional son algunas de las razones que llevan en muchas ocasiones a dejar aparcado el libro antiguo.

Y en este foro siempre es posible encontrar más que libros. Conferencias, concursos, talleres de caligrafía o conciertos son alguna de las actividades paralelas vinculadas siempre con esta actividad comercial programadas para atraer al público al claustro burgalés. Desde el 15 al 18 de febrero, siete librerías de viejo muestran sus joyas y curiosidades bibliográficas este año. Manuel Ortega-Inés Roig Coleccionismo (Barcelona), las librerías anticuarias Delstres (Barcelona), Asilo del libro (Valencia) y Lyda (Burgos); Alberto Santos Editor (Madrid), Libros Roales (Cantabria) y Siloé Arte y Bibliofilia (Burgos) extenderán sus puestos durante los cuatro días que dura el salón.

Y el debate de los orígenes del español siempre tiene cabida en este encuentro. En esta ocasión, el profesor de la Universidad de Valladolid Mauricio Herrero Jiménez, titular de Prehistoria y Arqueología, Antropología Social y Ciencias y Técnicas Historiográficas de esa universidad ha sido el invitado a este foro, de la mano del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, entidad que colabora desde hace años con la organización, para ahondar en este apasionante debate en el que Burgos tiene un protagonismo mayúsculo.

Viernes, 16 Febrero 2018 14:03

Cine de San Valentín: Tinder y Netflix

Hubo una época en la que las películas de la noche de San Valentín eran protagonizadas por Meg Ryan y Tom Hanks. Luego fue Katherine Heigl… ahora… ahora no lo sé. ¿Siguen de moda las películas de comedia romántica? Sí. Pero ya no están en el cine.

¿Por qué? Gracias, Netflix.

¿Dónde quedaron las noches de cita en el cine? Ahora no sales al cine para quedar con alguien y ver una película que anticipas acabará con un final feliz, con la parejita unida después de un punto de inflexión, con amigos que influencian decisiones, con vasos de Starbucks de camino al trabajo y con muchos taxis amarillos. No llegamos ni a “Puentes de Madison”, pero esperamos un “Sleepless in Seattle”. Hace varios años ya que no vemos películas para ir de cita en la cartelera. Nada que sepamos que va a crear el suficiente drama para dejar los sentimientos a flor de piel, pero que acabe de forma positiva para que te den ganas de abrazar a quien tienes al lado. La última película que he podido ver en ese tono fue “Call me by your name” y estarás de acuerdo conmigo con que no fue exactamente tan light como para concentrarnos en atraer al otro, sino más bien introspectiva. Y a lo que aspira el cine rom-com es más bien la superficie, una metáfora perfecta para la primera quedada entre dos personas.

Sin embargo, los hábitos han cambiado. La intimidad ha crecido. Nos “conocemos” más entre nosotros. Si te gusta alguien, ya estás buscando su nombre en Google y todas las redes sociales disponibles. Encuentras su perfil y revisas todo lo público que tiene: gustos, vacaciones, fotos, vídeos compartidos, opiniones de actualidad… Te haces una idea de la persona que vas a conocer, que has visto como portada de libro en una estantería pero que ha atraído lo suficiente como para repetir el encuentro. Entonces, como ha crecido la intimidad, puede que la elección para el encuentro no sea un sitio público. Depende de gustos, preferencias y actitudes pero lo que se lleva ahora es Netflix. Es en esta plataforma donde encontramos más opciones del género. Además, teniendo este tipo de posibilidades en Netflix - que cuesta al mes lo que una entrada en día normal para el cine - y en tu propia casa… ¿qué mejor para una cita low cost? Tus palomitas del Mercadona, o cena muy elegante a domicilio, que las opciones son infinitas -, las razones para ir al cine se reducen.

Los productos audiovisuales románticos tienen fecha de caducidad, espero. Al amor romántico todavía le queda mucho para ese momento. Pero es verdad que tanto en cuanto las películas románticas desaparecen del cine a menos de que sean una película digna de premio de la Academia, la calidad cae al mismo ritmo. No vemos ‘Casablanca’ pero tampoco vemos ‘Tienes un e-mail’, ni ’27 bodas’… la moda ha caído en bucles de clichés elevados al cuadrado. Todos cis-heterosexuales, cuando se ha demostrado que el público puede disfrutar de otra cosas como fue “Call me by your name”. Queremos ver más mujeres protagonistas, no damiselas en apuros. Queremos ver más hombres cercaos a un nivel emocional que no esté en el extremo de la foto expositiva machote de Tinder ni en lo tópico de “llorón y patético que va por detrás de cualquiera”. Porque ya ni tenemos citas, ni vamos al cine, pero nos quedamos en plan manta y Netflix, y nuestra intimidad se ha abierto a todo el universo, que es muy amplio. Y San Valentín es solo una marca.

“El jefe” tour pasa por Burgos este sábado 17 de febrero con Jimmy Barnatán & The Cocooners. Rock, blues, funk, soul y R&B en la Casa de las Musas por solo 10€.

La película “El jefe” de Sergio Barrejón se estrena el próximo mes de mayo y el santanderino Jimmy Barnatán, autor de la banda sonora se va de gira por España para presentarla junto a The Cocooners.
Su último trabajo “Bourbon Church”, disco que vio la luz el último año, también formará parte de su repertorio, al igual que sus éxitos de anteriores trabajos. Este año, sin embargo, su aventura es otra: un nuevo proyecto bajo el nombre “El jefe”. Este larga duración es la banda sonora de la película del mismo nombre de Sergio Barrejón que saldrá el próximo mes de mayo.

Jaime Barnatán Pereda es el santanderino más rocanrolero y llega con un cuarto álbum que ha empezado su viaje este 7 de febrero en la Sala El Sol de Madrid. Con “El jefe” recorrerán gran cantidad de ciudades españolas hasta finalizar el 25 de mayo en la Sala Óxido de Guadalajara.

Sábado 17 de febrero en La Casa de las Musas, Burgos. Precio 10€

Salmantino de adopción y zamorano de nacimiento, el profesor y escritor Luis García Jambrina regresa de nuevo a la literatura de la mano de su personaje fetiche, el escritor Fernando de Rojas, autor de La Celestina, al que se su pluma ha convertido para deleite del público en sagaz detective –‘pesquisidor’, realmente- al que recurren los poderosos para investigar crímenes ‘complicados’. Los lectores que conocen el quehacer literario de García Jambrina saben bien de lo que les hablo.


‘El manuscrito de fuego’ (Espasa) es el título de la nueva novela histórica que acaba de publicar Garía Jambrina, libro que cierra la trilogía iniciada hace ahora diez años con ‘El manuscrito de piedra’ (2008) y que continuó dos años después con ‘El manuscrito de nieve’ (2010). De nuevo, García Jambrina ha agitado con fuerza su coctelera literaria y ha mezclado con sabiduría los mismos ingredientes que tan buenos réditos le dieron con los dos primeros ‘manuscritos’. Combinar intriga detectivesca, recurrir a una estupenda ambientación histórica y construir un conjunto de personajes, muchos de ellos reales, bien definidos y que tienen gran peso en el conjunto de la narración, han sido los ingredientes a los que ha recurrido una vez más el autor en su nueva creación, que acaba de llegar ahora a las librerías.
Esta nueva novela histórica constituye el fruto de un exhaustivo trabajo de documentación que ha permitido al autor erigir un relato histórico en el que novela un episodio real, el asesinato del bufón del emperador. En esta ocasión, García Jambrina da un nuevo giro literario y lleva a un Fernando de Rojas entrado en años y ya retirado a investigar el asesinato de Don Francés de Zúñiga ‘Francesillo’, irreverente bufón de Carlos V, humorista oficial y también confidente del emperador y una de las pocas personas con capacidad para hablar en libertad ante él sin miedo a represalias.


La trama, que arranca en 1532 en Béjar, donde es asesinado ‘Francesillo’, surge cuando la emperatriz Isabel de Portugal encarga a Fernando de Rojas la investigación de este crimen, una tarea difícil que conduce al lector por los entresijos de una época tan fascinante como escandalosa, donde podrá conocer mejor los secretos que esconde la Universidad de Salamanca, o viajar hasta la villa vallisoletana de Medina del Campo. El lector se sumerge en la complicada vida de ‘Francesillo’, personaje histórico, que pese a gozar del poder real, tuvo también numerosos y poderosos enemigos que envidiaban su poder y privilegio.


La investigación que emprende Rojas le llevará hasta la capital salmantina, donde tendrá que enfrentarse a numerosos obstáculos y retos, como buscar un manuscrito misterioso o descifrar una de las obras más hermosas y enigmáticas del arte renacentista: la fachada de la Universidad de Salamanca. Ficción e historia se dan la mano en este trabajo literario en el que también resulta posible vislumbrar las siempre complejas relaciones mantenidas entre el poder civil y la poderosa Iglesia católica o la rivalidad que enfrentaba a la vieja nobleza castellana con los gobernantes educados en Flandes y que llegaban a España en la corte del monarca, en una nube de recelo.


Su acción investigadora también llevará a Francisco de Rojas en un periplo que arranca en Béjar, continúa en Salamanca y prosigue en Medina del Campo, enclaves en los que transcurre buena parte de la acción de un relato en el que también se vislumbra la capacidad de la religión como elemento que impregna el conjunto del libro. El autor reivindica también en las páginas del libro una figura que ha sido olvidada por la Historia; la de Isabel de Portugal, reina y emperatriz consorte. Casada en 1526 con Carlos V, su figura se vio en buena parte eclipsada por la de su marido pese a haber gobernado en su nombre en los periodos en los que éste permaneció fuera de España. Un retrato de un país que era referencia en el mundo conocido.

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