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Garth Ennis es un guionista irlandés conocido por la mayoría por ser el autor de esa obra de culto que es Predicador, realizada a medias con el dibujante Steve Dillon.

Sus trabajos se caracterizan por la ironía, el cinismo, el sarcasmo y sobre todo por la violencia y el sexo como modo de narración. Allá donde viaja la sutileza de por ejemplo un Mark Millar, Ennis se queda comiendo una magdalena sentado en la taza del váter.

Todavía no me he leído la totalidad de sus cómics, soy muy fan de Predicador, Sólo un peregrino, Crossed, The Punisher o Hellblazer entre otras. En los últimos días he terminado The Boys, una historia de superhéroes convertidos en auténticas estrellas del rock. Unos días tienen la potestad para salvar al mundo y otros la capacidad de realizar un “Woodstock” del placer y desenfreno sexual. Esto me ha llevado a pensar en algunos de los rasgos que el autor emplea para compartir su mensaje.

Ennis es una especie de Tod Browning. Tiene sus “freaks” con cara de culo, sus villanos absortos en parafilias sexuales absurdas, unas relaciones de amistad repletas de códigos y por encima de todo, unos diálogos y una narrativa tremendamente cinéfila.

Los diálogos no tienen tapujos. Son un trasunto de esas escenas de Tarantino donde hablar de Madonna y “Like a Virgin” deriva en reflexiones que a su vez delatan historias más profundas. De hecho, los personajes de Ennis no necesitarían apoyo visual, la sola palabra escrita hace que los adores. El adorno “solo” los hace más atractivos.

Cualquiera se podría escandalizar por la cantidad de sexo y violencia que tienen los dibujos que emplea. Allá donde unos sugieren, él muestra, donde otros te guían, él señala. Pero es sólo la parte de un plan. Su razón para escoger unos dibujos tan explícitos no es otra que divertir al lector. Tratar a personajes que a priori puedan parecer artificiales como gente normal, que come, caga y duerme como cualquier otro.

Existe demasiado respeto hacia los villanos en los cómics. Todavía más con los denominados “héroes”. Ennis normaliza a ambos. Las buenas y las malas personas no existen. Los buenos hacen cosas malas y los malos hacen cosas buenas.

El éxito de sus obras es rozar siempre esa línea entre lo verosímil y lo absurdo. Recuerda un poco a esos argumentos de Black Mirror en los que un primer ministro británico puede salvar a una princesa que ha sido secuestrada si mantiene relaciones sexuales con un cerdo en directo en la televisión pública.

Garth Ennis no es un caramelo envenenado que luego te sorprende. Es una bolsa entera de ásperos caramelos que se quedan en tu paladar. Y te gustan, compulsivamente.

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