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¿Quién no ha dicho u oído esta expresión? algunas veces habremos sido conscientes de que estábamos repitiendo los conceptos, otras en cambio ni nos habremos dado cuenta de ello. ¿Por qué lo hacemos?  ¿Por qué lo repetimos? ¿Por qué surgen este tipo de expresiones que duplican la información?   

A la hora de responder a estas preguntas tenemos dos opciones, por un lado considerar que es un error provocado por lo mal que hablamos el español; o, por otro, pensar que nada es gratuito en la lengua y que probablemente haya una razón para que aparezcan este tipo de expresiones de manera habitual en el habla coloquial. Desde aquí vamos a optar por investigar, indagar en las razones que nos llevan a subir arriba y bajar abajo.

La lengua es un ser vivo que se mueve, muta, tiene colores fascinantes y matices increíbles, estudiarlo es apasionante porque, inevitablemente, te ayuda a conocer la realidad y entender el mundo. Los hablantes hacen suya la lengua y la convierten en habla, la hacen real. En este ámbito el hablante suele tener dos objetivos, por un lado transmitir el mensaje de manera óptima y clara al receptor, es decir, el emisor quiere ser entendido; y por otro, el hablante intentará comunicar manteniendo la economía del lenguaje, esto es, si puede decirlo breve, ahorrándose discurso innecesario, lo hará.

Estas dos premisas, transmisión óptima del mensaje y economía del lenguaje son dos pilares fundamentales a la hora de comunicar. Muchas veces entran en contradicción, por eso, encontrar el equilibrio entre ellas establecerá el punto de eficiencia y eficacia adecuado.

¿Qué ocurre entonces con subir arriba y bajar abajo? Todos estamos de acuerdo que estas expresiones son pleonasmos, es decir, redundancias: repeticiones léxicas o gramaticales de información. ¿Por qué las decimos si es suficiente con decir  subo o bajo y además va en contra de la economía del lenguaje? Pues porque a veces para el hablante prima más asegurarse de que la información que quiere transmitir llega correctamente que ser económico. Hay situaciones, contextos, en los que el hablante considera que el envío de su mensaje corre peligro   —quizá porque se aleja, porque hay ruido alrededor, porque su interlocutor no le oye bien, cualquier razón que considere arriesgada para hacer llegar su mensaje —  y debe marcar, enfatizar lo que quiere decir. Por eso refuerza su mensaje redundando, repitiendo, incluso ayudándose de gestos, todo con la intención y el interés de que lo que quiere decir sea entendido.

Hay que tener en cuenta que estas expresiones no son la excepción, el habla está cargado de pleonasmos y redundancias, por ejemplo yo me bajo aquí es un enunciado redundante, no es necesario mostrar ninguno de los dos pronombres porque el verbo ya recoge toda esa información en su forma verbal, pero aun así no nos parece tan extraño como subir arriba,  bajar abajo,  entrar dentro o  salir fuera.

Así que quizá sea mejor no mirarlas tanto como un error, sino como una forma distinta que un mismo fenómeno, la redundancia, tiene de manifestarse.

 

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