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Elementos filtrados por fecha: Mayo 2019
Viernes, 31 Mayo 2019 11:17

Y TÚ, ¿A QUÉ SUENAS?

 

¿Quién no ha intentado adivinar la procedencia de alguien sólo atendiendo a la entonación de su voz? Seguro que tú también has intentado imitar alguna vez el acento de otros lugares, quizá con poco éxito. Estos retos, aparentemente sencillos, no lo son tanto y a veces, sin pretenderlo, hacemos el ridículo. ¿La razón? Cada variante del castellano tiene su propia cadencia acentual, en algunos lugares se alargan más las vocales mientras que se suprimen consonantes, en otras se pronuncian todas y se habla más lento, etc. Las combinaciones son muy numerosas y dependen de muchos factores, cada acento tiene sus rasgos fonológicos característicos, sus entonaciones y su dominio determina que la comunicación sea eficaz. Pero es uno de los aspectos que más nos cuesta aprender a la hora de estudiar un idioma extranjero y que origina más malentendidos en la comunicación oral y escrita.

Todos tenemos un acento, este viene determinado por el lugar donde hemos nacido o vivido y la lengua que hemos aprendido de nuestros padres, pero también cada uno de nosotros tenemos un timbre, una cadencia determinada que nos diferencian de los demás. Estos dos factores nos posicionan en el mapa lingüístico y además son nuestra carta de presentación más directa.

Para hacerlo más sencillo consideraremos el acento como el conjunto de rasgos fonológicos  y prosódicos que nos son propios por nuestro lugar de nacimiento y nuestra clase social y que nos configuran como parte de un grupo, tener acento gallego, por ejemplo.

Por otro lado, la entonación que podría definirse como las modulaciones cadenciales, la melodía con la que recubrimos las palabras para imprimir en ellas distintas intenciones. Y es que no diremos de la misma manera “¡Qué buen día hace!”  un día de lluvia y vendaval que un día realmente soleado, porque la ironía se apoya, además del contexto, en la entonación.

Profundizando un poco más en este aspecto diremos que la entonación es un concepto escurridizo muy difícil de estudiar, por eso no es uno de los aspectos lingüísticos más analizados. Aun así, aquí vamos a intentar explicarlo muy brevemente. La entonación surge de la mezcla de los sonidos, determinados por los que más frecuentemente aparecen en cada idioma —en español la a —.El tiempo, es decir, la duración más o menos rápida o lenta de lo que se dice y, por último, la intensidad que varía dependiendo de donde pongamos el énfasis en las palabras. Estos tres factores van creando una melodía que no sólo depende de la lengua que se habla sino también de quién lo dice y cuándo lo dice. Para que sea más sencillo, no entonará igual un hombre que quiere pedir un favor que una mujer que está regañando.

Acento y entonación están íntimamente unidos, porque cada acento tiene su entonación propia y en el caso del español tenemos multitud de variantes que dan lugar a que haya multitud de acentos. Esta riqueza es fascinante y nos permite admirar la inmensa musicalidad de un idioma tan rico.

Desde aquí os invitamos a que abracéis vuestro acento materno y nunca os avergoncéis de él. Eso sí, cuando estudiéis otra lengua intentad conocer sus cadencias y sonoridades, pues estas son fundamentales para que te entiendan bien.

Por último aquí os dejamos un enlace para que pongáis a prueba vuestro conocimiento y adivinéis el acento

 

 

Se me pide que esplique por qué escribo yo con jota las palabras en “ge”, “gi”; por qué suprimo las “b”, las “p”, etc., en palabras como “oscuro”, “setiembre”, etc., por qué uso “s” en vez de “x” en palabras como “excelentísimo”, etc. Primero, por amor a la sencillez, a la simplificación en este caso, por odio a lo inútil. Luego, porque creo que se debe escribir como se habla, y no hablar, en ningún caso, como se escribe. Después, por antipatía a lo pedante.

¿Quién no se ha planteado alguna vez una reflexión similar a esta? ¿Quién no ha pensado alguna vez que las reglas ortográficas se rigen por pautas alejadas de toda lógica?

 Muchas veces la ortografía más parece un campo de minas que un lugar seguro al que poder atenerse a la hora de crear una buena redacción. Si b y v suenan igual ¿porqué mantienen grafías diferentes? ¿Quién es el responsable de que  coger lleve g pero crujir sea con j? Son muchas las preguntas que nos pueden surgir a la hora de escribir, de momento, la única explicación a todo este batiburrillo de normas,  en principio aleatorias, reside en que la RAE, al redactar la primera ortografía  en 1741, decidió inclinarse mayoritariamente por el criterio etimológico a la hora de establecer las grafías. Es decir, se decidió atender al origen de las palabras a la hora de determinar sus grafías y, por lo tanto, a partir de esa fecha se unificó la norma y, como no podía ser de otra manera, aparecieron los críticos.

Hay que reconocer que el castellano es una de las lenguas que mantiene de manera más continuada la correspondencia entre fonema y grafía, pero no siempre es así y seguimos manteniendo distinciones que a priori parecen arbitrarias. Por eso, siempre aparecen voces críticas que abogan por la creación de una ortografía fonémica que no solo nos simplifique las cosas, sino que nos permita adecuar la escritura a nuestra pronunciación. Juan Ramón Jiménez es uno de los escritores que se inclina hacia esta tendencia y afirma, como en el párrafo anteriormente citado, que la simplificación debe primar sobre cualquier intencionalidad ortográfica. En este sentido también escribe Unamuno, quién lanza un dardo sutil y certero sobre la cuestión ortográfica:

Si se adoptase una ortografía fonética sencilla, que aprendida por todos hiciera imposible, o poco menos, las faltas ortográficas ¿no desaparecería uno de los modos de que nos distingamos las personas de buena educación de aquéllas otras que no han podido recibirla tan esmerada? Si la instrucción no nos sirviera a los ricos para diferenciarnos de los pobres ¿de qué nos iba a servir?”.

Por otro lado, uno de los gramáticos más importantes de nuestra lengua, Don Emilio Alarcos Llorach, considera que: "Los incapaces de aprender una ortografía tan fácil como la española padecen de alguna especie de disgrafía". Abundando en esta idea crítica con la reforma ortográfica, Arturo Pérez Reverte tiene un artículo donde ironiza sobre los peligros de esta tendencia: http://arturoperez-reverte.blogspot.com/2010/09/limpia-fija-y-da-esplendor.html

Sea como sea, de momento tendremos que seguir ateniéndonos a las normas impuestas por la Academia. Eso sí, nunca está de más conocer otros puntos de vista que nos permitan darnos cuenta de que la lengua no es tanto normas impuestas desde un organismo exterior, sino algo que nos acompaña y evoluciona con nosotros.

 

 

La lengua es ritmo, es música. La lengua tiene cadencias, se eleva, desciende y va generando sonoridades distintas que dependen de muchísimos factores. Uno de ellos es el acento prosódico, es decir, el lugar donde, según la RAE, aparece "el relieve que en la pronunciación se da a una sílaba, distinguiéndola de las demás por una mayor intensidad, una mayor duración o un tono más alto". Todas las palabras tienen acento, ej: jota, mano,puerta, etc. salvo algunas excepciones como las palabras clíticas.

Dependiendo de dónde se encuentre el acento o el peso tonal tendremos:

  • Palabras agudas: la acentuación recae sobre la última sílaba. Ej: ordenador, pantalón, jubi.
  • Palabras llanas: la sílaba tónica es la penúltima: lluvia, jubilo, ár
  • Palabras esdrújulas: el acento recae sobre al antepenúltima sílaba: bilo, tefono,

Como habéis visto, en español, trasladamos  toda esta información tonal a la escritura a través de las tildes—una línea oblicua que desciende de derecha a izquierda— lo que da lugar al acento ortográfico.

Pero no es nuestra intención detenernos hoy en las reglas que rigen el sistema ortográfico del castellano, sino analizar de qué manera el acento permite diferenciar significados de palabras que formalmente son similares. Por un lado está la tilde diacrítica a la que ya dedicamos una entrada en este blog, y por otro, aquella que distingue pares de palabras de igual forma y distinto significado que siempre son tónicas. Es decir, el acento se convierte en un valor distintivo.

  • Ocurre en verbos: bailo (presente)/bailó (pretérito).
  • Se da entre verbos y sustantivos: baile (sust) /bailé (verbo)
  • Aparece también entre sustantivos y adjetivos: (la) pérdida / (ser un/una) perdido/a

Por lo tanto, no es lo mismo “La pérdida de mi hermana” que “La perdida  de mi hermana”

Pero aquí es donde llega lo más curioso, el español llega a tener tríadas de palabras cuyo significado se diferencia solo por el acento. Le han puesto un nombre de manera oficiosa, las llaman palabras tritónicas y parecen sacadas de un relato de Borges.

Lo habitual es que las tres voces pertenezcan a la misma familia léxica y se repartan los acentos de esta manera:

  • Sustantivo – palabra esdrújula – ánimo
  • Verbo en presente – palabra llana – animo
  • Verbo en pretérito perfectos simple – palabra esdrújula – animó

Pero a veces no es tan sencillo, y no todas las voces pertenecen a la misma familia léxica, como ocurre con: cántara-cantara-cantará.

  • Sustantivo – palabra esdrújula – cántara: “vasija grande de barro o metal”
  • Verbo en presente – palabra llana – cantara
  • Verbo en pretérito perfectos simple – palabra esdrújula – cantará

Hay muchas más palabras trítonas de las que puede parecer a simple vista, desde aquí te invitamos a que seas curioso y descubras las múltiples posibilidades que la colocación de los acentos puede llegar a dar.

 

 

¿Quién no ha dicho u oído esta expresión? algunas veces habremos sido conscientes de que estábamos repitiendo los conceptos, otras en cambio ni nos habremos dado cuenta de ello. ¿Por qué lo hacemos?  ¿Por qué lo repetimos? ¿Por qué surgen este tipo de expresiones que duplican la información?   

A la hora de responder a estas preguntas tenemos dos opciones, por un lado considerar que es un error provocado por lo mal que hablamos el español; o, por otro, pensar que nada es gratuito en la lengua y que probablemente haya una razón para que aparezcan este tipo de expresiones de manera habitual en el habla coloquial. Desde aquí vamos a optar por investigar, indagar en las razones que nos llevan a subir arriba y bajar abajo.

La lengua es un ser vivo que se mueve, muta, tiene colores fascinantes y matices increíbles, estudiarlo es apasionante porque, inevitablemente, te ayuda a conocer la realidad y entender el mundo. Los hablantes hacen suya la lengua y la convierten en habla, la hacen real. En este ámbito el hablante suele tener dos objetivos, por un lado transmitir el mensaje de manera óptima y clara al receptor, es decir, el emisor quiere ser entendido; y por otro, el hablante intentará comunicar manteniendo la economía del lenguaje, esto es, si puede decirlo breve, ahorrándose discurso innecesario, lo hará.

Estas dos premisas, transmisión óptima del mensaje y economía del lenguaje son dos pilares fundamentales a la hora de comunicar. Muchas veces entran en contradicción, por eso, encontrar el equilibrio entre ellas establecerá el punto de eficiencia y eficacia adecuado.

¿Qué ocurre entonces con subir arriba y bajar abajo? Todos estamos de acuerdo que estas expresiones son pleonasmos, es decir, redundancias: repeticiones léxicas o gramaticales de información. ¿Por qué las decimos si es suficiente con decir  subo o bajo y además va en contra de la economía del lenguaje? Pues porque a veces para el hablante prima más asegurarse de que la información que quiere transmitir llega correctamente que ser económico. Hay situaciones, contextos, en los que el hablante considera que el envío de su mensaje corre peligro   —quizá porque se aleja, porque hay ruido alrededor, porque su interlocutor no le oye bien, cualquier razón que considere arriesgada para hacer llegar su mensaje —  y debe marcar, enfatizar lo que quiere decir. Por eso refuerza su mensaje redundando, repitiendo, incluso ayudándose de gestos, todo con la intención y el interés de que lo que quiere decir sea entendido.

Hay que tener en cuenta que estas expresiones no son la excepción, el habla está cargado de pleonasmos y redundancias, por ejemplo yo me bajo aquí es un enunciado redundante, no es necesario mostrar ninguno de los dos pronombres porque el verbo ya recoge toda esa información en su forma verbal, pero aun así no nos parece tan extraño como subir arriba,  bajar abajo,  entrar dentro o  salir fuera.

Así que quizá sea mejor no mirarlas tanto como un error, sino como una forma distinta que un mismo fenómeno, la redundancia, tiene de manifestarse.